Por Javier Robledo
En la definición del próximo coordinador o coordinadora de los trabajos de la Cuarta Transformación en Michoacán, hay algo que debe reconocerse antes que cualquier diferencia política: las y los aspirantes han realizado un esfuerzo importante para fortalecer el movimiento desde sus respectivas trincheras.
Durante los últimos meses se ha observado una intensa actividad territorial, encuentros con ciudadanos, organización política y presencia en distintas regiones del estado. Cada perfil ha construido su propia ruta y, con ello, ha aportado a un proceso que será determinante para Morena rumbo a 2027.
De acuerdo con información difundida durante el proceso interno, se registraron 22 aspirantes inicialmente, aunque no todos cumplieron o hicieron públicos los requisitos correspondientes. La dirigencia estatal informó posteriormente que sería la Comisión Nacional de Elecciones la encargada de revisar los perfiles y conducir la definición.
En este escenario, el pulso político y las diferentes mediciones de opinión han colocado particularmente a Raúl Morón Orozco y Carlos Torres Piña como dos de los perfiles con mayor presencia dentro de la contienda interna.
Las encuestas, por supuesto, no sustituyen las decisiones partidistas ni representan por sí mismas una candidatura. Sin embargo, ayudan a observar el momento político. Por ejemplo, TResearch publicó en julio una medición en la que Torres Piña registró 27.5% de preferencia, seguido por Morón con 20.1%; mientras que otros ejercicios también han mostrado una competencia importante entre distintos perfiles.
En el caso de las mujeres, también existe un grupo de perfiles que ha logrado construir presencia política y territorial: Fabiola Alanís, Gabriela Molina, Gladyz Butanda y Celeste Ascencio.
Cada una cuenta con trayectoria propia y con diferentes niveles de presencia en el ámbito estatal y nacional. Por ello, hablar de una lista de seis perfiles —tres hombres y tres mujeres— debe entenderse como parte de la lógica del proceso interno y no como una determinación oficial anticipada.
El factor que puede cambiarlo todo
Hay un elemento que Morena deberá cuidar especialmente: la unidad.
El proceso de selección no solamente consiste en determinar quién aparece mejor posicionado en una encuesta. También implica construir condiciones para que los diferentes equipos políticos permanezcan dentro del proyecto y puedan trabajar conjuntamente una vez que exista una definición.
Ahí estará, quizá, una de las principales responsabilidades de la dirigencia nacional y de los propios participantes.
Michoacán representa un territorio políticamente estratégico. Las mediciones recientes muestran a Morena con una ventaja considerable como fuerza política rumbo a 2027. TResearch ubicó a Morena en 40.2% de intención de voto en agosto, mientras que una medición de SRC correspondiente a julio lo colocó en 42.8%.
Estos números explican por qué la definición interna genera tanta expectativa, pero también por qué sería un error convertir la competencia interna en una confrontación.
La elección de 2027 todavía está por delante. Falta camino, falta trabajo territorial y, sobre todo, falta que el partido defina formalmente a quien encabezará los esfuerzos.
Seis perfiles, una sola responsabilidad
Raúl Morón, Carlos Torres Piña, Fabiola Alanís, Gabriela Molina, Gladyz Butanda y Celeste Ascencio representan, desde diferentes trayectorias y equipos, parte de la diversidad política que actualmente existe dentro de Morena en Michoacán.
Mencionarlos como los perfiles que concentran buena parte de la atención política no significa descalificar a quienes participaron en el proceso ni anticipar un resultado. Por el contrario, implica reconocer que cada uno ha construido una trayectoria y ha aportado al movimiento.
La etapa que viene será todavía más delicada.
Una vez que se conozca la decisión, será necesario generar condiciones para que los diferentes grupos y equipos tengan participación, responsabilidad y espacios dentro de un proyecto común. No se trata simplemente de repartir posiciones; se trata de construir un acuerdo político que permita que quienes hoy compiten mañana puedan trabajar juntos.
Porque la verdadera fortaleza de un movimiento no se demuestra solamente cuando todos están de acuerdo, sino cuando son capaces de permanecer unidos después de una decisión difícil.
La clave será la unidad
La dirigencia nacional tendrá que actuar con sensibilidad política, institucionalidad y visión de largo plazo. Los aspirantes, por su parte, tendrán la responsabilidad de asumir el resultado con madurez y entender que el proyecto de transformación está por encima de cualquier interés personal.
Michoacán necesita que el proceso concluya con un movimiento fortalecido, no dividido.
La definición de quien coordinará los trabajos de la Cuarta Transformación será apenas el inicio de una nueva etapa. Después vendrá el reto mayor: construir una estructura territorial competitiva, mantener la cercanía con la ciudadanía y llegar a 2027 con un proyecto capaz de mantener la confianza de los michoacanos.
Por ahora, los nombres están sobre la mesa, las mediciones ofrecen señales y los equipos hacen su trabajo.
La última palabra corresponderá a las instancias partidistas.
Y mientras llega esa decisión, quizá la principal clave de Michoacán pueda resumirse en una sola palabra: Unidad.




