Por: Fany Santiago
Hay momentos en la vida pública de un país que obligan a detenerse, observar y reconocer que algo está cambiando.
Al observar el Segundo Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, me quedé con una reflexión que va más allá de cifras, discursos o resultados: México sí es distinto.
Habrá quienes sostengan que nada ha cambiado. Habrá quienes, incluso antes de analizar una administración, buscarán una negativa simplemente porque quien encabeza el país es una mujer. Pero precisamente ahí está uno de los grandes retos de nuestra sociedad: aprender a analizar gobiernos por sus decisiones, sus resultados y sus pendientes, y no por prejuicios.
Cada gobierno tiene una marca, un sello y una manera distinta de entender el ejercicio del poder. La historia reciente de México nos ha dejado administraciones que marcaron profundamente el rumbo del país y otras que abrieron puertas a nuevas oportunidades. Comparar, cuestionar y exigir siempre será necesario. El análisis político pierde sentido cuando se convierte en fanatismo o en negación.
Y desde esa mirada, hay algo que resulta imposible ignorar: por primera vez México tiene a una mujer al frente de la Presidencia de la República.
Pero la verdadera transformación no está solamente en que una mujer ocupe la silla presidencial. Está en lo que significa para millones de niñas y mujeres que hoy pueden mirar hacia ese espacio y entender que también les pertenece.
Ver a una mujer defendiendo a México, encabezando una estrategia de seguridad, enfrentando al crimen organizado y asumiendo decisiones complejas desde la Presidencia representa un cambio profundo en el imaginario colectivo.
Y hay otro elemento que considero fundamental: una mujer que llega al poder no debería tener que cerrar la puerta detrás de ella.
Por el contrario, una transformación verdadera implica abrirla para que lleguen muchas más.
Porque si algo debería distinguir a la izquierda es precisamente la solidaridad, la inclusión y la capacidad de construir comunidad. No se trata de competir entre mujeres para demostrar quién puede más; se trata de entender que cuando una mujer avanza, puede abrir camino para muchas otras.
México es un país donde las mujeres representan más de la mitad de la población. Pero ser el 51 por ciento no basta.
Necesitamos que ese porcentaje también se traduzca en oportunidades, en espacios de decisión, en reconocimiento, en igualdad y, sobre todo, en una nueva manera de relacionarnos entre nosotras.
Creer en nosotras. Apoyarnos. Reconocer nuestros talentos. Celebrar los logros de otras mujeres sin sentir que disminuyen los propios.
Ese también es el cambio.
No se trata de idealizar a un gobierno ni de negar sus errores. Tampoco de convertir la política en una cuestión de simpatías personales. Se trata de mirar con objetividad, reconocer avances, señalar pendientes y entender que la transformación de un país también pasa por transformar la mentalidad de quienes lo habitamos.
Porque quizá el cambio más importante no sea solamente quién ocupa una posición de poder, sino que una nueva generación crezca entendiendo que una mujer puede dirigir, decidir, construir, equivocarse, corregir y volver a intentarlo sin pedir permiso ni disculpas por ocupar un espacio que también le corresponde.
México está cambiando.
Y ese cambio no debe darnos miedo.
Debe comprometernos.
A las mujeres, a acompañarnos más.
A los hombres, a entender que la igualdad no les quita espacios: construye una sociedad más justa para todos.
Y a quienes participamos en la vida pública, a recordar que el poder adquiere sentido cuando se convierte en oportunidades para los demás.
Porque transformar a México no significa pensar todos igual.
Significa aprender a construir juntos desde nuestras diferencias.
Y quizá ese sea uno de los grandes cambios que estamos comenzando a vivir: un México donde una mujer no solamente puede llegar a la cima, sino donde muchas más puedan mirar hacia arriba y saber que también pueden hacerlo.
Sin miedo.
Con compromiso.
Con sueños.
Con preparación.
Y, sobre todo, con la certeza de que cuando nos apoyamos entre nosotras, el camino deja de ser una excepción y comienza a convertirse en una posibilidad para todas.




