Por: Fany Santiago.
Los estados están listos para las definiciones de las coordinaciones estatales. En especial, Michoacán.
En el territorio ya existe una pregunta que se escucha cada vez con mayor fuerza: ¿cuál será el rumbo?, ¿será hombre o mujer quien encabece esta gran tarea? Pero, más allá del nombre, hay algo que no debemos perder de vista: lo que está en juego no es solamente un encargo rumbo a la gubernatura. Es la construcción de un liderazgo capaz de organizar, sumar y conducir una etapa política que exigirá mucho más que una buena posición en las encuestas.
Michoacán necesita una figura con liderazgo, que conozca la estatura de la responsabilidad que está por asumir, que entienda que la política no se construye únicamente con aspiraciones personales y que tenga la capacidad de reconocer a los distintos cuadros, integrarlos y hacer de la pluralidad una fortaleza.
Porque encabezar no significa concentrar. Significa sumar.
Y sumar, en un proceso como el que viene, implica entender que las estructuras en territorio no son solamente una maquinaria electoral. Son mujeres y hombres que han trabajado, que tienen presencia, que conocen sus regiones y que esperan que sus esfuerzos sean tomados en cuenta. La unidad no se decreta: se construye con inclusión, reconocimiento y una visión compartida.
Por eso, considero que la dirigencia nacional, encabezada por Ariadna Montiel, está tomando sus propias medidas para tomar la mejor decisión para Michoacán. Una decisión que, por la responsabilidad que implica, no puede reducirse a una competencia de nombres ni a la lectura de un solo momento político.
También hay que entender que, en estos procesos, la dirigencia nacional tiene atribuciones y márgenes de decisión. Y entre ellos está, sin duda, la posibilidad de utilizar el elemento sorpresa cuando llegue el momento de hacer pública la definición.
En cualquier momento podría llegar la noticia.
Y cuando llegue, comenzará otra etapa: la de organizar, fortalecer y construir hacia adelante.
Porque una definición, por sí sola, no resuelve un proceso. Lo que viene después es lo verdaderamente importante: la capacidad de convertir una decisión en unidad, la unidad en organización y la organización en una ruta política con rumbo.
Michoacán tiene cuadros, tiene territorio y tiene una estructura que ha demostrado capacidad de trabajo. El reto será que todos esos elementos encuentren una conducción que los reconozca y los haga parte de un mismo proyecto.
No se trata solamente de saber quién encabezará. Se trata de saber cómo se encabezará.
Y ahí estará una de las claves de lo que viene para Michoacán.
Porque el liderazgo que necesita el estado no será el que más nombres reúna, sino el que más voluntades sea capaz de sumar. No será el que cierre filas alrededor de una persona, sino el que abra espacios para construir un proyecto común.
La definición será un momento. La unidad, la organización y la capacidad de sumar serán las que determinen la siguiente etapa.




