Por: Fany Santiago.
Morena entra en una etapa decisiva. Las definiciones de sus coordinaciones comienzan a tomar forma a partir de una metodología en la que las encuestas son un instrumento para medir competitividad y preferencias, pero el verdadero desafío comienza justo después de conocer los resultados.
Porque una definición interna no puede convertirse en una división permanente.
En política, competir es legítimo. Tener aspiraciones también. Pero hay momentos en los que la responsabilidad obliga a entender que el proyecto está por encima de cualquier interés individual.
Y ahí es donde la unidad adquiere un valor estratégico.
En Michoacán, la manera en que se procesen y se comuniquen los resultados será tan importante como los propios resultados. La transparencia, la claridad de la metodología y la capacidad de reconocer las decisiones tomadas pueden ayudar a que una competencia interna se convierta en un punto de partida y no en una fractura.
El caso de Carlos Torres Piña representa, en ese sentido, una señal política que vale la pena observar.
Frente a una definición en la que resultó favorecido, ha mostrado una actitud de madurez política al colocar por delante los principios, la responsabilidad y la visión de sumar en favor de Michoacán.
Ese tipo de decisiones también construyen política.
Porque aceptar un resultado, reconocer una definición y mantener la disposición de trabajar por un proyecto común no significa renunciar a las convicciones. Significa entender que los procesos internos tienen un momento, pero los proyectos políticos tienen una responsabilidad mucho mayor.
Y esa responsabilidad, en Michoacán, tiene nombre: unidad.
La transparencia de la dirigencia nacional ha sido fundamental.
Que se conozca la metodología. Que se expliquen los resultados. Que las decisiones puedan ser entendidas por quienes participaron y por quienes forman parte del movimiento.
Pero después de las encuestas viene una tarea todavía más importante: sumar.
Sumar liderazgos.
Sumar estructuras.
Sumar municipios.
Sumar voces.
Sumar a quienes participaron en el proceso y tienen algo que aportar.
Porque nadie sobra cuando el objetivo es construir un proyecto político con presencia en todo el estado.
Michoacán no se puede mirar solamente desde Morelia. La realidad política del estado se encuentra en sus municipios, en sus comunidades, en sus regiones y en las necesidades cotidianas de la ciudadanía.
Por eso, la unidad no puede quedarse en el discurso.
Tiene que verse en el territorio.
Tiene que traducirse en capacidad de diálogo, en acuerdos y en trabajo conjunto.
La encuesta puede establecer una definición. La dirigencia puede ordenar el proceso. La transparencia puede darle legitimidad.
Pero será la capacidad de sumar después de la definición la que permita construir una verdadera ruta electoral.
Y aquí hay una lección importante: la política también se mide en la manera en que se enfrentan los resultados que no son los esperados.
Se puede elegir el camino de la confrontación o el de la construcción.
Se puede alimentar la división o ayudar a cerrar filas.
Se puede pensar únicamente en la posición personal o entender que hay un proyecto que trasciende a cada persona.
En ese sentido, la actitud mostrada por Torres Piña coloca sobre la mesa una discusión que va más allá de una coordinación: qué clase de política queremos construir rumbo a 2027.
Una política de grupos enfrentados permanentemente o una política capaz de competir internamente, procesar las diferencias y después trabajar en unidad.
Y es que hay que decirlo como es, muchas veces en ámbitos locales y en personas que no son las mejores para hacer política y que han tenido suerte en la coyuntura , el resultado es mal baratar la política, en este nuevo proceso existe la oportunidad con un cuadro de experiencia y formación darle vida a ese nivel de política para hacer las cosas bien.
Esta respuesta a la demanda de muchos y muchas tendrá que construirse en el territorio.
Porque Michoacán necesita madurez, suma, compromiso y mucha visión de servicio para llevar a otro nivel la transformación del Estado.
Comienza otra etapa.
Una etapa donde toca caminar, escuchar, reconciliar, organizar y sumar.
Porque una encuesta puede definir una coordinación.
Pero ninguna encuesta, por sí sola, construye unidad.
Y sin unidad, cualquier definición se queda corta.
La verdadera fortaleza de un proyecto político no está solamente en quién encabeza una boleta, sino en cuántas personas están dispuestas a caminar juntas para construir lo que sigue.
La definición está en la mesa.
La transparencia debe acompañarla.
La unidad tendrá que demostrarla el territorio y si las cosas siguen caminando en ese entendido de elevar el nivel, sumar voluntades, reconocer a las personas y organizarse bien en lo interno, habrá un nuevo piso para seguir transformando Michoacán.




