Por Abelardo Pérez Estrada.
Columna: Transformando.
El presupuesto no miente “Los discursos anuncian prioridades, el presupuesto confiesa cuáles pueden pagarse.”
Hace unos días, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó su Segundo Informe de Gobierno, habló de avances, programas sociales, inversiones, seguridad y proyectos para el futuro, ahora llega el momento en el que las palabras deben convertirse en pesos y centavos, porque un informe puede elegir qué contar, pero el presupuesto está obligado a revelar qué se puede pagar.
El Paquete Económico 2027 plantea una ecuación complicada, reducir el déficit, contener la deuda, conservar los programas sociales, sostener a Pemex, mantener la inversión pública y no disminuir los recursos destinados a salud y educación, todo ello sin aumentar los principales impuestos y en una economía que todavía crece por debajo de lo necesario.
La intención de ordenar las finanzas públicas debe reconocerse, el déficit más amplio llegó a representar 5.8% del Producto Interno Bruto en 2024, bajó posteriormente y la meta gubernamental es llevarlo de aproximadamente 4.1% en 2026 a 3.9% en 2027, el problema no está en el objetivo, sino en explicar cómo se alcanzará sin sacrificar alguna de las promesas anteriores.
El dinero no entiende de discursos ni de ideologías, si el Gobierno gasta más de lo que recauda, alguien debe cubrir la diferencia, puede hacerlo el contribuyente mediante nuevos impuestos, puede hacerlo el ciudadano a través de menores servicios públicos o puede hacerlo el mexicano del futuro mediante deuda.
La deuda pública se acercaría a 55% del PIB, mientras que el costo financiero de la deuda podría alcanzar 1.6 billones de pesos, esto significa que antes de construir una escuela, equipar un hospital o reparar una carretera, el Gobierno deberá destinar una enorme cantidad de recursos únicamente a pagar el costo del dinero que pidió prestado.
A ello debemos sumar las pensiones, las participaciones para estados y municipios, los programas sociales y las demás obligaciones que prácticamente llegan comprometidas al presupuesto, por eso la discusión no debe limitarse a celebrar que aumentará el gasto total, lo importante es saber cuánto dinero queda realmente disponible para gobernar.
La presidenta ha planteado que una parte de los recursos adicionales provendrá del combate a las empresas factureras, la evasión fiscal y el contrabando de combustibles, la medida es correcta y necesaria, especialmente después de conocer las dimensiones que alcanzó el llamado huachicol fiscal, sin embargo, existe una diferencia entre identificar el dinero que se evade y conseguir que ese dinero llegue efectivamente a la Tesorería.
No se puede presupuestar la eficiencia como si ya fuera recaudación garantizada.
También deberá revisarse el apoyo permanente a Pemex, no porque deba abandonarse a la empresa más importante del Estado mexicano, sino porque cada peso utilizado para rescatarla deja de estar disponible para otra necesidad, defender la soberanía energética no debería significar financiar indefinidamente ineficiencias, pérdidas o malas decisiones.
El mayor riesgo es que el ajuste no aparezca con el nombre de recorte, sino mediante hospitales que tienen presupuesto, pero no medicamentos, escuelas que permanecen abiertas, pero carecen de mantenimiento, carreteras que existen, pero se deterioran, policías municipales que aparecen en la nómina, pero no cuentan con capacitación ni equipamiento.
Los apoyos entregados directamente tienen una enorme visibilidad política, mientras que el deterioro de los servicios públicos ocurre lentamente y casi siempre lejos de las cámaras.
El Congreso de la Unión tendrá la responsabilidad de revisar estas cifras, aunque la mayoría oficialista podría aprobarlas sin modificar prácticamente nada, renunciar al análisis convertiría la discusión presupuestal en otro trámite y no en el ejercicio de rendición de cuentas más importante del año.
El verdadero proyecto de gobierno de Claudia Sheinbaum no está solamente en lo que dijo durante su informe, está en dónde coloca el dinero, qué decisiones heredadas conserva, cuáles corrige y qué gastos está dispuesta a cuestionar.
Gobernar no consiste en prometer que todo continuará y que nada tendrá costo, gobernar significa elegir, explicar las prioridades y asumir las consecuencias.
Porque al final, los discursos pueden acomodar la realidad, el presupuesto no miente.
POSDATA:
“… La prueba PISA 2025 confirmó que solo tres de cada diez estudiantes mexicanos alcanzan el nivel básico en matemáticas, medir no soluciona el problema, pero ignorarlo lo perpetúa. …”
Es tiempo de los ciudadanos …. ¡¡¡¡ incluidos en el presupuesto!!!!
Abelardo Pérez Estrada
Empresario, Analista, Expresidente CANACINTRA




