Por: Fany Santiago
Las encuestas son una herramienta valiosa para conocer el ánimo ciudadano y orientar la toma de decisiones. Pero cuando se convierten en el único parámetro para definir liderazgos, corren el riesgo de distorsionar la realidad política.
Es por eso que la cercanía se ha vuelto clave con la gente y con las mediciones. Debe ser el uso integral que nos oriente a construir las mejores oportunidades para todas y todos.
La política no se reduce a una fotografía estadística. Se construye caminando calles, visitando comunidades, escuchando a la ciudadanía y dando resultados. Por eso, la verdadera encuesta no es la que aparece en un documento o en una presentación; es la que se levanta todos los días en el territorio, frente a la gente.
En los procesos internos es común ver mediciones que buscan mostrar quién está mejor posicionado. Algunas cuentan con metodologías sólidas y aportan información útil. Otras, en cambio, generan dudas sobre su origen, su representatividad o incluso sobre los intereses que pueden existir detrás de ellas. El problema surge cuando esas percepciones terminan pesando más que el trabajo constante y la cercanía con la ciudadanía.
Esta reflexión también nos invita a mirar un tema pendiente: el papel de las mujeres en la política. Aunque hoy existen avances importantes en materia de paridad, todavía persisten inercias que favorecen la visibilidad de perfiles masculinos, mientras mujeres con trayectoria, resultados y reconocimiento en el territorio enfrentan mayores obstáculos para que su trabajo sea valorado en igualdad de condiciones.
No se trata de descalificar las encuestas, sino de recordar que ningún instrumento puede sustituir la legitimidad que se construye escuchando, resolviendo y acompañando a la gente. El liderazgo auténtico no nace de una percepción; nace de la confianza.
Al final, las tendencias cambian, los números se mueven y las mediciones se actualizan. Lo que permanece es el vínculo con la ciudadanía, la palabra cumplida y el trabajo realizado.
Porque, cuando llegue el momento de tomar decisiones, el territorio seguirá diciendo la última palabra. Y esa es la encuesta que ningún algoritmo ni ninguna estrategia de percepción puede reemplazar.
Por eso es importante reconocer que las mujeres seguimos avanzando, no es por que lo somos sino por que nos lo ganamos con trabajo, cercanía y resultados.
En Michoacán las cosas están a punto de cambiar, pues las mujeres son las que lo definirán siento el 52% de la población, es tiempo de construir con trabajo y voz lo que años de rezago no se fío en varios sectores de la población.




