Por: Fany Santiago
El tablero comienza a tomar forma. Y cuando las piezas empiezan a moverse, hay algo que se vuelve indispensable: entender que después de una definición viene la construcción.
Con el calendario electoral ya en marcha, Michoacán entra en una etapa en la que la política tendrá que demostrar, una vez más, que sumar es más importante que dividir y que el territorio sigue siendo el espacio donde las estrategias se encuentran con la realidad.
La definición de Carlos Torres Piña como coordinador de la 4T en Michoacán coloca al frente de esta nueva etapa a un político con experiencia en la operación territorial, el diálogo y la construcción de acuerdos, y la capacidad de resolver dando resultados: cualidades muy importantes que con honestidad no tenía ningún otro perfil en la contienda.
Carlos sabe hacer política. Y hacer política, en tiempos como los que vienen, significa mucho más que saber mover piezas. Significa saber escuchar, entender los distintos escenarios, leer las necesidades de la gente y construir soluciones a partir de realidades concretas.
En Michoacán, donde el territorio tiene voz propia, esa dimensión adquiere especial relevancia. La cercanía con la ciudadanía, el contacto directo y la capacidad de recorrer y conocer las distintas regiones del estado forman parte de una política que no puede hacerse únicamente desde las estructuras.
Porque el territorio no se conquista desde un escritorio. Se recorre, se escucha y se entiende.
Y si algo marcará esta nueva etapa será precisamente la capacidad de convertir la experiencia política en organización, la organización en presencia y la presencia en confianza.
Pero hay una palabra que atraviesa todo el escenario: UNIDAD.
La unidad interna será una de las grandes claves de lo que viene y que sin duda es algo que se demostró al momento de su designación y será la clave del éxito para la transformación.
Las definiciones pueden generar distintas lecturas, pero la madurez política se demuestra en la capacidad de construir hacia adelante. Una vez que las decisiones están tomadas, comienza el momento de sumar capacidades, experiencias, liderazgos y voluntades alrededor de objetivos comunes.
Ahí estará una de las principales tareas de Carlos Torres Piña: articular la suma.
Porque un proyecto político no se fortalece cuando unos cuantos avanzan; se fortalece cuando las distintas expresiones, grupos y perfiles encuentran un espacio para aportar.
Y la suma de todas y todos será fundamental para seguir avanzando en Michoacán.
La política territorial también tiene una característica que no puede ignorarse: la gente conoce a quienes caminan sus comunidades, escucha a quienes se acercan y reconoce a quienes mantienen presencia más allá de los tiempos electorales.
Por eso, el reto no estará únicamente en las estructuras partidistas. Estará en mantener una conversación permanente con el pueblo michoacano.
La verdadera política se prueba cuando las decisiones llegan al territorio.
Y en esta nueva etapa hay otra tarea que merece especial atención: el papel de las mujeres.
Michoacán está listo para seguir transformándose, y las mujeres tienen un papel fundamental en esa transformación. Pero avanzar hacia espacios verdaderamente igualitarios requiere una sororidad real: mujeres que acompañen a mujeres, que reconozcan capacidades, que abran puertas y que entiendan que el crecimiento de una no representa el límite de otra.
Romper el techo de cristal no será tarea de una sola mujer.
Será el resultado de muchas mujeres abriendo camino para las que vienen detrás.
Cuando una mujer avanza y abre camino para otra, el techo de cristal comienza a romperse para todas.
Así llegamos a las grandes tareas de esta nueva etapa: construir equipo, fortalecer la organización, preservar la unidad, ampliar la presencia territorial y convertir todo ello en confianza ciudadana.
Sumar sin excluir.
Cerrar filas sin cerrar puertas.
Escuchar antes de decidir.
Entender antes de responder.
Y hacer de las diferencias una oportunidad para construir acuerdos.
Carlos Torres Piña tiene ahora frente a sí una responsabilidad que va más allá de una coordinación: contribuir a articular una etapa en la que la unidad interna, la presencia territorial y la capacidad de diálogo tendrán un peso fundamental.
El tablero ya se está moviendo.
Las piezas comienzan a acomodarse.
Y ahora viene lo más importante: hacer que la suma se convierta en fuerza, que la organización se convierta en presencia y que la presencia se convierta en confianza.
Porque al final, en política, el verdadero tablero no está sobre la mesa.
Está en el territorio.




