Por: Javier Robledo.
El segundo informe de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo deja sobre la mesa una realidad que difícilmente puede reducirse a discursos políticos: México ha registrado avances importantes, pero también enfrenta desafíos que requieren capacidad, coordinación y una visión de largo plazo.
A poco tiempo de haber asumido la Presidencia de la República, la Dra. Sheinbaum ha construido una agenda que busca mantener el crecimiento económico, fortalecer los sectores productivos, atraer inversiones estratégicas y, al mismo tiempo, atender uno de los principales reclamos de la sociedad: la seguridad.
Ser la primera mujer presidenta en la historia de México representa, por sí mismo, un momento histórico. Pero el verdadero desafío está en convertir esa condición histórica en resultados concretos para millones de mexicanas y mexicanos.
En materia de seguridad, la estrategia ha colocado como una de sus piezas centrales a Omar García Harfuch, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, bajo una lógica que apuesta por la inteligencia, la coordinación institucional y el uso de información para combatir a las organizaciones criminales. Los resultados alcanzados hasta ahora deben medirse con seriedad, sin triunfalismos, pero también sin desconocer los avances que puedan acreditarse.
La seguridad, sin embargo, no puede entenderse de manera aislada. También requiere bienestar, oportunidades para los jóvenes, generación de empleos, fortalecimiento de las instituciones y condiciones que permitan que la inversión encuentre certidumbre en nuestro país.
En ese terreno, el papel del gabinete resulta fundamental.
La política social, encabezada por la Secretaría de Bienestar; la política exterior y comercial, desde la Secretaría de Relaciones Exteriores; y la estrategia de seguridad forman parte de un mismo tablero: construir un México con mayor capacidad para enfrentar sus problemas internos y aprovechar las oportunidades que ofrece el escenario internacional.
México tiene una posición privilegiada frente a sus principales socios comerciales. La cercanía con Estados Unidos y Canadá, la fortaleza de sectores como el automotriz, agroalimentario, manufacturero y tecnológico, así como el fenómeno de la relocalización de empresas conocido como nearshoring, representan oportunidades que el país no puede desaprovechar.
Pero sería un error afirmar que todo está resuelto.
México todavía enfrenta retos importantes en seguridad, infraestructura, salud, educación, crecimiento regional y fortalecimiento institucional. Reconocerlos no significa desconocer los avances; por el contrario, significa asumir con responsabilidad la dimensión de las tareas pendientes.
Y ahí está, quizá, una de las principales características que deberá definir al gobierno de nuestra presidenta Sheinbaum: la capacidad de transformar los retos en resultados.
La oposición puede cuestionar, criticar e incluso descalificar las políticas del gobierno esa es parte natural de la democracia, pero el debate público debe partir de datos y resultados, no solamente de posiciones partidistas.
Al mismo tiempo, desde el gobierno también existe la obligación de escuchar las críticas, corregir cuando sea necesario y evitar cualquier tentación de triunfalismo.
El México de hoy tiene problemas que resolver, pero también tiene fortalezas extraordinarias. Cuenta con una economía diversificada, una posición geográfica estratégica, una fuerza laboral competitiva y una relación comercial indispensable con Norteamérica.
El segundo informe de la presidenta Claudia Sheinbaum debe leerse, entonces, no como el punto final de un proyecto, sino como una fotografía de un país que avanza mientras enfrenta pendientes históricos.
La tarea no es sencilla. Gobernar México nunca lo ha sido. Pero si algo ha demostrado este periodo es que los desafíos pueden enfrentarse con planeación, inteligencia, coordinación institucional y una visión que coloque el desarrollo económico y el bienestar social en el mismo horizonte.
Los resultados deberán seguir evaluándose con rigor. Porque en democracia, ningún gobierno está por encima de la crítica y ningún resultado debe darse por sentado.
México avanza, pero el verdadero reto es lograr que ese avance se traduzca todos los días en mejores oportunidades, mayor seguridad y bienestar para las familias.




