Por: María Belém Morón Ávalos.
Coordinadora de Vinculación Empresarial del proyecto del profesor Raúl Morón Orozco.
La inversión pública es una de las herramientas más importantes para impulsar el desarrollo de Michoacán.
Permite construir infraestructura, mejorar los servicios públicos, fortalecer la economía y generar condiciones para atraer nuevas inversiones. Sin embargo, cuando hablamos del presupuesto del estado, el debate no debería limitarse a cuánto dinero se aprueba cada año.
La verdadera pregunta debe ser mucho más sencilla y, al mismo tiempo, mucho más importante: ¿ese dinero está mejorando la vida de las familias michoacanas?
Durante los últimos años, el presupuesto estatal ha registrado un crecimiento importante. Entre 2021 y 2026 el monto aprobado aumentó de manera significativa. Si observamos únicamente las cifras, el incremento parece superior al 40 por ciento.
Pero aquí hay un detalle que pocas veces se explica.
Con el paso del tiempo, el dinero pierde poder de compra debido a la inflación. Es decir, con la misma cantidad de pesos hoy ya no se puede construir, comprar o contratar exactamente lo mismo que hace cinco años.
Por eso, para saber si realmente existe un mayor esfuerzo financiero, los profesionales en materia fiscal y financiera utilizamos un procedimiento muy sencillo: descontar el efecto de la inflación.
Al hacer ese ejercicio con los datos oficiales, encontramos que el presupuesto de Michoacán sí ha crecido en términos reales, aunque en una proporción menor a la que reflejan las cifras nominales.
En otras palabras, el estado hoy dispone de una capacidad de gasto mayor que en 2021, pero ese crecimiento real ronda poco más del veinte por ciento y no el más de cuarenta por ciento que muestran los montos sin ajustar por inflación.
¿Por qué es importante entender esta diferencia?
Porque un presupuesto más grande representa también una responsabilidad mayor.
No basta con ejercer más recursos. Lo verdaderamente importante es que cada peso genere mejores resultados para las personas.
Desde la Coordinación de Vinculación Empresarial del proyecto del profesor Raúl Morón estamos convencidos que el debate debe evolucionar.
No se trata únicamente de preguntar cuánto aumentó el presupuesto, sino qué resultados produjo ese crecimiento.
¿Tenemos más empresas locales participando en la obra pública?
¿Los empleos que se generan son permanentes y mejor remunerados?
¿Las inversiones están fortaleciendo a las pequeñas y medianas empresas?
¿Las regiones del estado reciben oportunidades de desarrollo más equilibradas?
¿La infraestructura que se construye también recibe el mantenimiento necesario para seguir siendo útil dentro de diez o veinte años?
Ésas son las preguntas que realmente importan.
También debemos reconocer que una parte importante del crecimiento del presupuesto proviene del incremento de las participaciones y aportaciones federales.
Esto significa que disponer de más recursos no necesariamente implica que las familias michoacanas estén pagando más impuestos estatales, sino que el estado ha contado con mayores ingresos provenientes de la Federación y con un entorno económico distinto al de años anteriores.
Por ello, la discusión no debe centrarse en si hoy existe más dinero disponible. La discusión debe enfocarse en cómo lograr que cada peso invertido genere el mayor beneficio posible para la sociedad.
Una carretera vale por los mercados que conecta.
Un hospital vale por la atención que brinda y por los empleos especializados que genera.
Una escuela vale por las oportunidades que crea para las nuevas generaciones.
Una inversión privada vale por las empresas locales que logra incorporar, por los proveedores que fortalece y por los empleos permanentes que deja en la región.
Ésa es la visión que impulsamos desde la Coordinación de Vinculación Empresarial del proyecto del profesor Raúl Morón.
Reconocemos que Michoacán hoy cuenta con un presupuesto mayor al de hace algunos años. Pero creemos que el siguiente paso consiste en evaluar con mayor profundidad el impacto de ese crecimiento.
Porque el verdadero éxito de un presupuesto no se mide por el tamaño de la cifra que aparece en un decreto.
Se mide por la tranquilidad de las familias, por la fortaleza de las empresas, por las oportunidades que encuentran los jóvenes y por el bienestar que se construye en cada región de Michoacán.




