El efecto Rocha Moya, que Morena no quiere aceptar

Por: Leo González

El duro revés que sufrió Morena en Coahuila, un estado donde históricamente no ha logrado consolidarse, debería encender las alertas dentro del partido. Más allá del resultado electoral, comienza a dibujarse un fenómeno que podría extenderse a otras entidades: el llamado «efecto Rocha Moya».

Ni la poderosa maquinaria electoral que hoy posee Morena, apoyada en programas sociales, estructuras territoriales y operadores políticos, fue suficiente para superar la operación del PRI, un partido al que muchos consideran viejo, pero que sigue demostrando experiencia para ganar elecciones, conocer el territorio y movilizar votantes.

Sin embargo, el factor más delicado no está en la estrategia electoral, sino en el desgaste político. Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene altos niveles de aprobación, Morena comienza a resentir un desgaste acelerado que amenaza con afectar su imagen rumbo a los próximos comicios.

Las acusaciones provenientes de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya reavivaron sospechas sobre la posible infiltración del crimen organizado en la política. Independientemente de las investigaciones, el costo político para Morena es evidente, pues golpea la confianza de una base social que diariamente enfrenta extorsiones, violencia e inseguridad.

El próximo año estarán en juego 300 diputaciones federales, una elección clave para la segunda mitad del sexenio de Sheinbaum. Después vendrán 17 gubernaturas y cientos de alcaldías. En ese escenario, Morena ya no parece tener el control absoluto de la narrativa política en varias regiones del país.

En Michoacán, por ejemplo, el llamado Movimiento del Sombrero, abiertamente opositor a Morena, ha logrado posicionarse en el debate público y en redes sociales. Su crecimiento podría convertirse en un factor que complique las aspiraciones del partido guinda de conservar el gobierno estatal.

La pregunta es si Morena reconocerá a tiempo este desgaste o seguirá atribuyendo cada derrota a factores aislados, sin aceptar que el llamado «efecto Rocha Moya» podría convertirse en un problema nacional.

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