Por : DIEGO DONALDO CHÁVEZ PALMERÍN
COLUMNA: EL ÚLTIMO LLAMADO
¡SÁLVESE QUIEN PUEDA!
Corre el gobernador que busca deslindarse antes de que crezca el escándalo. Corre el operador político que hace llamadas de madrugada para medir daños. Corren los partidos que hace apenas unos meses hablaban de unidad absoluta y hoy empiezan a revisar, con discreción, quién pesa y quién estorba.
La política mexicana dejó de caminar y empezó a correr, el ambiente cambió.
Lo ocurrido con el Gobernador de Sinaloa no solamente abrió una crisis local; abrió la sensación de que el blindaje político del oficialismo empieza a mostrar grietas, y en política, cuando aparecen las grietas, los leales se vuelven prudentes, los prudentes empiezan a tomar distancia y los verdaderos políticos la huelen.
No hace falta una sentencia, basta con la duda para que exista desgaste.
Las versiones sobre investigaciones y listas bajo observación de agencias estadounidenses hacia Gobernadore/as, funcionarios y figuras relevantes principalmente de Morena producen un efecto donde, hoy, nadie quiere ser el último en reaccionar.
Durante años, Morena construyó la idea de representar una ruptura moral con el viejo sistema político mexicano. Esa narrativa le dio fuerza, legitimidad y una ventaja enorme frente a los actores incapaz de leer el momento del país.
El detalle es que el poder termina pareciéndose a aquello que prometió combatir y eso ,es una costumbre incómoda de todos los políticos, TODOS.
Y cuando eso ocurre (porque siempre ocurre), el desgaste es más rápido. Y no tanto por los señalamientos, si no por las contradicciones.
La política mexicana siempre ha tenido memoria corta, pero olfato fino. Los grupos de poder detectan rápido cuándo un proyecto sigue creciendo y cuándo empieza a administrar desgaste. Hoy, dentro y fuera del oficialismo, ya hay demasiados actores moviéndose con una lógica de contención.
Eso explica muchos silencios recientes.
Explica también ciertos reacomodos que empiezan a sentirse en varios estados, particularmente donde las elecciones dejaron más heridas que acuerdos. Michoacán es uno de ellos.
La fractura política de 2021 nunca terminó de cerrarse; simplemente quedó suspendida bajo el tamaño del triunfo nacional de Morena.
Los ciclos políticos funcionan así: cuandp el poder se expande, las diferencias se esconden. Cuando el poder se desgasta, las diferencias reaparecen. (leer 3 veces)
Y reaparecen con factura acumulada. (leer de nuevo)
Ahora bien, también hay otra lectura que vale la pena poner sobre la mesa. Hay quienes consideran que parte de estas presiones responden al endurecimiento de la relación con Estados Unidos y a la utilización del combate al narcotráfico como herramienta de presión política y diplomática.
La historia bilateral entre ambos países da elementos suficientes para tomar esa hipótesis en serio.
Y aun cuando algunas acusaciones terminen siendo exageradas o políticamente útiles para Washington, el impacto interno ya empezó.
La percepción no espera resoluciones judiciales, se mueve con símbolos, con señales y con ambiente político. Y el ambiente hoy huele más a incertidumbre que a control.
Eso tiene consecuencias profundas. Un gobierno puede soportar críticas (BTS), puede resistir escándalos (SEGALMEX) e incluso sobrevivir a crisis mediáticas (Andy y Japón).
Lo que difícilmente soporta durante mucho tiempo es la sensación de vulnerabilidad permanente.
En ese momento la política deja de actuar con visión y comienza a reaccionar por instinto. Todos cuidan posición, futuro y margen de maniobra. La conversación pública se llena de cálculo y la gobernabilidad empieza a resentirlo.
En esos momentos aparece el reflejo más viejo del sistema político mexicano: el “sálvese quien pueda”.
Cada grupo protege lo suyo, cada actor mide riesgos y cada liderazgo calcula cuánto le conviene permanecer cerca.
Y mientras eso ocurre arriba, abajo la realidad sigue avanzando sin pausa.
Hay momentos donde las crisis políticas revelan más de un sistema que años completos de estabilidad. Este parece ser uno de ellos.
La pregunta ya no es si Morena sigue teniendo poder. Claro que lo tiene.
La pregunta real es ¿Cuánto tiempo puede sostener cohesión un proyecto político cuando la incertidumbre empieza a sentarse en la misma mesa del poder?




