DIEGO DONALDO CHÁVEZ PALMERÍN
COLUMNA. EL ÚLTIMO LLAMADO
EL OGRO DE PAZ.
Hace décadas, Octavio Paz describió algo que en su momento incomodó; un Estado que ayudaba, pero al mismo tiempo concentraba poder. Le llamó el “ogro filantrópico”.
Era una advertencia, no una novela.
Hoy, esa idea vuelve a hacer sentido (y revive el monstruo de la dictadura).
No es el mismo contexto, ni el mismo País, pero la lógica se parece. Un Estado que se presenta cercano, que reparte, que está presente en la vida cotidiana… y que, poco a poco, va ocupando cada vez más espacio.
En política, ya se sabe, el poder no se cede, se acumula / ejerce.
Cuando se acumula con buenas intenciones, se vuelve más difícil de cuestionar.
Ese es el punto fino.
Nadie discute la necesidad de apoyar a quienes más lo necesitan, sería absurdo, sin embargo el problema no es ayudar. El problema es cuando ayudar se convierte en la principal forma de gobernar.
Ahí es donde las cosas se empiezan a torcer.
Mientras el Estado crece en presencia, otras cosas empiezan a reducirse.
Las instituciones pierden margen, los contrapesos estorban y la crítica se vuelve “sospechosa”. Nada de golpe, todo poco a poco. Como suele pasar en política.
Se habla de transformación, pero también hay concentración ( política – electoral – gubernamental), se habla de justicia, pero también de control (¿Ya registraste tu teléfono o tu CURP biométrica?) , se habla de pueblo, pero se reduce el espacio para quien piensa distinto.
Y entonces, sin darnos cuenta, el equilibrio se rompe.
Hay una frase que viene al caso “ el que mucho abarca, poco aprieta».
Y en el gobierno, eso no solo aplica a la eficacia… también aplica a la libertad.
Un Estado que quiere estar en todo, termina condicionando mucho más de lo que parece.
No hace falta prohibir, basta con desincentivar , basta con señalar, basta con cerrar espacios sin decirlo abiertamente.
Así se mueve el poder hoy. No con golpes, sino con control fino.
La historia lo señala, un País no se fortalece cuando todo depende de un solo centro. Se fortalece cuando hay equilibrio, cuando existen instituciones que funcionan, cuando hay sociedades que participan sin pedir permiso.
Cuando eso se pierde, lo que queda no es orden. Es dependencia. (Leerlo 3 veces)
Y la dependencia, en política, siempre tiene costo. (Volver a leer)
Por eso vale la pena volver a esa idea incómoda de Paz. No como cita elegante, sino como advertencia diaria.
El Estado puede ayudar y debe hacerlo. Pero no puede convertirse en todo.
Si eso pasa, el riesgo ya no es solo político. Es de País.




