Por: Lore Mendoza
En su obra de 1995 titulada “Justicia poética, la imaginación literaria y la vida pública”, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, comparte como el pensamiento literario, la imaginación y la sensibilidad poética contribuyen a replantear nuestra noción de justicia para logar un modelo social más igualitario y compasivo, y es que la justicia poética es un término que se utiliza en una obra en la que su desenlace se caracteriza por el triunfo del bien sobre el mal.
Aunque la lógica social nos determina que, en la vida real, rara vez se castiga a la maldad mucho menos se recompensa a la bondad o la virtud, la ficción literaria si nos puede inspirar a llevar a cabo un comportamiento moral en que algún día las buenas personas saldrán victoriosas sobre los viles y serán recompensadas con justicia.
Y es que, en nuestra realidad existen dos núcleos sociales que han sido vulnerados sistemáticamente aquí y en resto del mundo, las mujeres y lxs indígenas. Ni imaginar entonces, las condiciones tan desfavorables en las que se han desarrollado históricamente las mujeres indígenas en nuestro país, por lo que, el hecho de que una oriunda de un pueblo otomí del Valle del Mezquital pueda ser Presidenta de México, es sin duda, justicia poética.
Los datos que arroja el cuestionario ampliado del censo de población y vivienda 2020 del INEGI, nos dicen que en México existen 23. 2 millones de personas indígenas, de las cuales el 51.4 % son mujeres, es decir 11. 9 millones, dichas estadísticas también nos muestran que las féminas de este núcleo poblacional, en contraste con los varones, presentan altos índices de rezago educativo, analfabetismo, poca participación económica y la mayoría se encuentran relegadas a los trabajos del hogar, esto sin contar con las historias desgarradoras presentadas en los medios de comunicación, que visibilizan la rutinaria violencia de género, mediante matrimonios arreglados, trata y prostitución hasta un sin número de feminicidios.
Estos números, estadísticas y notas periodísticas, muestran fidedignamente que aún hay mucho por hacer por las personas que viven en situación de desigualdad, mujeres, indígenas, jóvenes, adultos mayores, personas que viven en pobreza extrema o sin acceso a los derechos más básicos como la salud, vivienda o educación, por ello, es necesario que el rumbo del país sea dirigido por una persona que conozca las entrañas de dichos núcleos, desde la diversidad cultural hasta las limitantes impuestas.
Con su historia, esencia y las causas sociales que representa, Xóchitl Gálvez simboliza una luz de esperanza expresada de diferentes maneras:
En las mujeres y el movimiento feminista, la llegada de una de nosotras al máximo encargo de elección popular, para las y los indígenas, un guía que vele por sus intereses y luche sus causas, en los grupos vulnerables la muestra y ejemplo que el esfuerzo inquebrantable te puede llevar a superarte en cosas inimaginables, para todas y todos los mexicanos, simboliza el sueño de tener un mejor país.





