Por: Leovigildo González
A Silvano le quedan 99 días en el poder, conoce a cabalidad los alcances de sus palabras, las repercusiones y hasta el desenlace de las mismas.
Es ingenuo pensar que es un improvisado, hasta hace unos meses, muchos morenistas no se atrevían siquiera a cuestionarlo, por el contrario, no tuvo una real oposición y la que llegó a querer hacer contrapeso fue muy endeble, hasta cierto punto normal.
Quedan pocos días, tal vez a una rutina que ya se había acostumbrado, el poder dicen, es adictivo, incluso más que el mismo amor.
Es innegable que cuando el barco se hunde, las ratas comienzan a brincar, y así fueron dejándolo poco a poco, las lealtades eran tan insignificantes como los apellidos de quienes las hicieron.
Aureoles, es un «animal político», aunque en frente tiene a otros dos, que también conocen sus debilidades y con quienes se peleó el poder durante años e incluso décadas, Leonel Godoy y Jesús Reyna, ambos, políticos encumbrados en el colmillo que da la experiencia.
El gobernador, pateó con fuerza el avispero, sería inverosímil creer que no sabía las repercusiones de cada una de sus acciones, lo hizo tan calculado que el tema tras 36 horas, se sigue comentando.
Los obreros suelen usar botas de «casquillo» porque evitan así lesiones y para patear son efectivas, parece que Silvano usó ese instrumento para lanzar cada una de sus palabras, primero a nivel nacional y luego con periodistas estatales.
Puso el dedo en la llaga, que duele mucho a los michoacanos, el narco y debilidad institucional.
Pero la elección ya pasó, y su equipo perdió, como diría otro michoacano «haiga sido, como haiga sido», ahora la decisión no será de él, sino de jueces y magistrados.
El tiempo se agota para Silvano, y tal vez, vuelva a usar esas botas para lanzarse nuevamente, nadie lo sabe, solo él.




