De un banquete a una merienda

Comida, banquete, almuerzo, merienda o cena; todos ellos momentos de convivencia donde los alimentos son el pretexto para la reunión o la reunión es el pretexto para comer y beber. Como en otras ocasiones les he comentado, la comida es un exquisito portal de belleza, más impactante aun cuando el rito bien establecido propicia disfrutar de buena compañía y temáticas interesantes. Los invito a pasar por este pórtico donde descubriremos que comer, beber y conversar van de la mano.

Los banquetes con todo y su ceremonial son tan importantes que no sólo para nuestros ancestros era la manera como nos vinculamos con los muertos, sino que también son el escenario donde han sucedido interesantes hazañas en la historia. Como lo sabemos, incluso Cristo en un banquete instituyó el regalo más grande de amor, la eucaristía, su Cuerpo y Sangre.

Yo no sé cuántos de ustedes han leído el diálogo de Platón titulado El Banquete o sobre el amor, así que mientras tanto, les platico aquí brevemente de qué trata el relato de Platón: todo acontece en el típico y bien cuidado escenario de un banquete griego que es llevado a cabo con un primer tiempo de alimentos selectos y un segundo tiempo de bebidas exquisitas mientras se disfrutaba de escenas artísticas como el canto, la música, la danza y un interesante concurso de ideas sobre temas variados. Sócrates y otros son invitados por Agatón al banquete, y precisamente cuando el itinerario del simposio llega a la exposición de ideas en torno a un tema, los asistentes, Apolodoro, Alcibiades, Fedro, Pausanias, Sócrates y Erixímaco, quien puso el tema del amor sobre la mesa y también conduce las participaciones, comienzan a presenciar y varios de ellos a participar ardientemente sobre la cuestión de mil aristas que es el amor. Se trata de un recurso que Platón utilizó para exponer las ideas que estaban en el imaginario popular y en diálogo con todo ello, presentar su propio pensamiento en torno al amor. Aquí tenemos una narración de alto nivel cultural, con argumentación lógica y claridad en torno a las ideas que van y vienen de la boca de cada uno de los participantes. Para no desvelar el centro de la propuesta platónica de este diálogo que ya es conocido por unos de los lectores y no es necesario repetir, y a aquellos que les interese pueden invertir un par de horas de este fin de semana aprendiendo de la sabiduría milenaria, dejamos hasta aquí el Banquete de Platón.

Con vastos años de distancia, situamos otra narración de personajes reunidos en torno a la mesa. Es popular en la escena del cine, de la fotografía y solo en algunas manos el episodio que regaló a la literatura universal Alice in the wonderland, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll (1832-1898), cuyo nombre es Charles Lutwidge Dogson. Estoy hablando del capítulo VII titulado A mad tea-party, una merienda de locos. Aquí los personajes son solamente cuatro: el sombrerero, la liebre, el lirón y naturalmente Alicia. Estoy seguro que te puedes imaginar la escena: una mesa larga en un jardín, mantel y vajilla bien puesta para la hora británica del té, y a cada uno de los personajes en sus sitios mientras el lirón duerme desparramado sobre la mesa y la niña Alicia irrumpe con toda y su curiosidad de la que es capaz. Los saludos, las preguntas, las respuestas y las no conclusiones a las cuales llega el relato, escena ya esperada pues con el título anunció el autor el tono de conversación demente. ¿Cuáles son las temáticas de esta singular hora del té? Antes de iniciar con tal precisión, mencionemos por qué en la cultura británica la hora del té es un ritual.

Nos tenemos que remontar, primeramente, al siglo XVII, en las islas británicas, justo en el palacio de la corona donde Carlos II y su esposa portuguesa introduce tan noble infusión. Como los aranceles de importación eran costosos, las hierbas aromáticas y saludables quedaron en las manos de la gente de primera clase. Después, en el siglo XIX, también en los corredores y salones de la nobleza, se optó por tomar té después de la comida y esperando la cena, haciéndose de una mera cuestión práctica, tomar una colación, un evento social donde se conversa. La costumbre se expandió de la nobleza a las otras clases sociales y aunque la hora del té era a las 16:00hrs, fue trasladándose a las 17:00hrs, pues comienzan a cerrarse las labores de la jornada.

Aunque el teatime es parte de la esencia de los ingleses, tomar té es tan popular que es la segunda bebida más frecuente en el mundo después del agua natural. Por eso resulta un dato típico en Alicia en el país de las maravillas, que unos individuos muy particulares se encuentren para charlar.

Dentro de lo inverosímil de las conversaciones mochas que van acaeciendo en el capítulo VII que estamos comentando, se tocan y trastocan temas tan importantes como la privacidad y los buenos modales, y sobre todo el tiempo, clave de interpretación de toda la escena, pues a Alicia se le comunica que ellos viven en un eterna hora del té, pues Tiempo los ha castigado. Por cierto, la hora del té en la merienda de locos es a las 18:00hrs. y no a la 17:00hrs. ni a las 16:00hrs.

Dado que Lewis Carroll era un matemático y un lógico, cada vez que leo en silencio o le leo a alguien esta escena, me convenzo de que no solo hay una intensión de entretenimiento y de experiencia estética en esta conversación. Así como el filósofo Platón, Carroll en Alicia quiere dar su teoría de la relatividad del tiempo y de lo que es correcto aunque no sea verdadero, o de lo lógico y no correcto. En fin, silogismos que bien pudieran ser descifrados en las agónicas cátedras de Lógica. Aunque no quiero privarlos de leer este fantástico y lógico capítulo de Alicia en el país de las maravillas, me veo obligado en adelantarles que en la personificación del tiempo, aparecen dos o tres verdades en total acuerdo con las reflexiones más serias que se hayan hecho sobre él.

Mientras tanto, pensemos cómo son nuestras horas de la comida: ¿se parecen al banquete de Platón o a la merienda de Alicia?

P. Francisco Armando Gómez Ruiz.