Bajémosle dos rayitas

Por: Ernesto Pacheco

“Hay una diferencia sencilla entre un dictador y un demócrata: si el demócrata no tiene oposición, su deber es crearla, mientras que el sueño del dictador es eliminar toda oposición”

Oscar Arias

Pareciera que la polarización en México llegó para quedarse, basta con observar detenidamente las campañas políticas donde cada día es más frecuente el uso de la psicología como herramienta para generar estrategias de campaña que produzcan un choque de emociones en el electorado; esto, con la finalidad de despertar nuevamente el interés que ha perdido el ciudadano.  

En el caso particular de nuestro país, cuando hablamos de emociones, sabemos que las más utilizadas en las campañas electorales son; el miedo, el resentimiento y la ira que logran estimular el sentimiento de hartazgo, como detonante para inducir a los votantes a tomar partido, a favor o en contra. 

Como muestra de la polarización que se vive en el país, podemos enunciar la caravana “Claxoanaxo” que movilizó ciudadanos a manifestarse en más de 70 ciudades, a bordo de sus automóviles, pidiendo la renuncia de AMLO, por su            ineptitud y las pésimas políticas públicas implementadas por su gobierno, promoviendo el hashtag #AmloVeteYa

En contra parte, tenemos a los ciudadanos fieles a la cuarta transformación, seguidores de AMLO convencidos de que vamos en el rumbo correcto, y que con sus acciones lo respaldan y defienden, y están convencidos que las dificultades de este gobierno se deben a la oposición, representada por los fifís, es decir; los ricos empresarios, los neoliberales que han perdido sus privilegios a quienes además atribuyen la movilización, promoviendo por su parte el hashtag #AmloSeQueda. 

Necesaria y penosamente identificamos a AMLO como el principal causante del divisionismo, de propiciar que la opinión pública tome partido de las causas políticas, y este en constante choque; así resulta,  al  utilizar recurrentemente sus conferencias mañaneras para descalificar a los contrarios a su gobierno que además señala como causantes de la crisis que vive el país, por señalar a algunos de los evidenciados públicamente tenemos a la clase política, los columnistas, los periodistas, los arquitectos, los doctores, los expresidentes, a los que en su narrativa de “El héroe y el villano” denomina como  “La mafia del poder”.

Pareciera que este mensaje que diariamente manda está surtiendo efecto e influye en la gente, y en su deseo de pertenecer a alguno de los bandos, de subirse al ring y estar en la pelea de los buenos contra los malos, ricos contra pobres, conservadores contra liberales, chairos contra fifís.

El problema es que perdemos de vista las cosas importantes dejamos de lado el origen y el análisis de lo sucedido por pasar a las descalificaciones y a los guantes de inmediato.  Alguien se preguntó ¿Qué llevó a estas personas a movilizarse? ¿Qué los hizo salir de sus casas?, arriesgar su salud, gastar su gasolina, perder su tiempo.

No, no hubo respuesta ante la molestia ciudadana, aquí lo importante fue el ataque y la defensa, el denigrar, señalar, nadie atendió y mucho menos resolvió; tristemente, estamos perdiendo la tolerancia, el respeto a la libertad de expresión, la capacidad de escuchar y debatir, para simplemente pasar a los insultos y las frases retoricas tales como “No coman ansias”, refiriendo a que nos veremos en las intermedias del 2022.  

Por el bien de todos, deberíamos bajarle dos rayitas.