El misterio de una rendija

Por: P. Francisco Armando Gómez Ruiz

El arte como un pasadizo inmediato a la belleza. Las maravillas de la naturaleza como inmediato conducto que porta a la armonía. Así es Pórtico, un espacio de opinión que conduce a la belleza de la vida cotidiana: comida, muebles, vino, libros, personas y acontecimientos.

Probablemente la palabra Pórtico en sí misma nos puede dar una o varias vueltas a la cabeza, pero podríamos recurrir a una palabra más para entender cómo funciona la belleza que está a nuestro alrededor. Se trata de “rendija”. Aquí la historia.

Hace un par de días a un buen amigo le presté un libro, uno de esos textos controversiales que tienen varias aristas. Después de decirle dos o tres comentarios críticos sobre la obra, en medio de alguna broma tendenciosa, él me arrebató la palabra y tomó el libro con fuerza para decirme: -es una rendija para pensar-. Esto precisamente son los destellos de la belleza cotidiana: rendijas para descansar asombrándonos. Belleza que se asoma y seduce.

A veces miramos el cielo, todo gris anunciando lluvias abundantes, y de repente por un pequeño espacio azul claro se muestra un rayo de sol, por una rendija se mete la luz. En medio del cielo gris sorprende la belleza. Igualmente en una monótona y cotidiana habitación un dibujo o una pintura incendia de luz la rutina. Un suburbio periférico de la urbe bañando de tráfico y bardas de concreto oscuro, una plaza verde con un monumento armonioso reviste de magia aquella zona urbana. En Roma, desde la rendija de la cerradura de una puerta del monte Aventino, se contempla la belleza de la cúpula de la basílica de San Pedro. Así de sorprendentes los pequeños espacios que son capaces de llenar de grandeza el universo.

La vida sólida y concreta, la vida plana y horizontal, la vida merece estar llena de rendijas de tiempos y espacios para pensar, para deleitarse, para darle brillo a la rutina. Y no se trata simplemente de cosas o de eventos minúsculos que traen belleza si nos acercamos. También hay personas que son ellas mismas una rendija de vida extraordinaria, porque son simples y de a pie, porque generalmente no se ponen en los reflectores, mas son grandiosos y comunican paz, motivación y llevan a sus amigos a la catarsis, es decir, a la purificación de sus almas.

Cosas, eventos y personas pequeñas, rendijas que permiten deleitar y ampliar el espíritu humano. Así es mi tía la excéntrica, mi vecino y amigo el “chistosito”, mi compañero el serio y mi madre la insistente. Así mismo es la vida completa, una rendija de tiempo para alcanzar la felicidad.

P. Francisco Armando Gómez Ruiz.

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