¿El crecimiento económico de un país puede derrotar a los malos?

Fronteras de Cristal / Jonathan Valpuesta Quesada

Fundamentalismo, narcotráfico, terrorismo y la lucha de guerrillas… no importa el nombre que utilicemos porque creo que hay un amplio consenso en que todos estos grupos afectan a la sociedad. La gran pregunta es: ¿cómo combatirlos? ¿cómo vencerles? Pues bien, en los últimos tiempos parece que la respuesta más normal (y desde luego lo que piden muchas personas) es la estrategia de utilizar toda la fuerza disponible: ejército, bombarderos, boicot’s comerciales, diplomáticos… Vamos, lo que viene hacer un escenario de guerra total.
En muchas ocasiones, si sólo utilizamos la fuerza, el resultado, si es que lo hay, puede incluso ser contraproducente. En esta columna, sin ir más lejos, vamos a ver algunos casos de grandes victorias contra los “malos” en las que sí, se utilizó la fuerza, pero ésto no fue ni con mucho la verdadera protagonista del éxito.
El problema es que, aunque el uso de la fuerza muchas veces puede ser necesario, casi siempre nos olvidamos una parte esencial de la estrategia, una parte menos llamativa pero que es imprescindible para derrotar a los malos.
Y aquí, tenemos la primera pregunta clave ¿ A qué parte de la estrategia nos estamos refiriendo? Precisamente la que impide que los malos puedan hacerse con el apoyo popular, es esa parte de la estrategia a la que podemos llamar “empoderamiento económico”. Puede parecernos, ojo, que este tipo de cosas no son importantes para vencer a estos grupos, pero en esta columna vamos a demostrar que sí lo son.
En el año de 1990 en ese momento el Sendero Luminoso (un grupo terrorista de corte marxista-leninista) controlaba la mayor parte de Perú. Su poder era tan grande que la RAND Corporation, un potente Think Thank de Washington orientado al análisis militar de seguridad le dijo el mismísimo departamento de defensa de los Estados Unidos que Sendero Luminoso era una organización prácticamente inexpugnable de los andes y que en dos años como mucho este grupo se haría con el control de todo el país.

Pero ¿qué es Sendero Luminoso? y sobre todo ¿de dónde surge? A finales de la década de los 70 Perú tenía un problema: el ascenso social no funcionaba. Es decir, si nacías pobre, vivías pobre y tus hijos estarían destinados igualmente a la pobreza. Pero, ¿por qué ocurría eso? En buena medida porque la burocracia impuesta por las élites para proteger, claro, sus intereses, ahogaban cualquier oportunidad que tenía el pueblo de prosperar. En aquel momento en Perú todo era muy complicado: montar un negocio, legalizar algunas tierras heredadas, contratar a alguien, etcétera. El resultado es que los pobres estaban condenados a vivir en la informalidad y esto entraña muchísimos problemas.

Con la informalidad la seguridad jurídica desaparece, no puedes pedir préstamos por ejemplo para invertir en tu propio negocio, tampoco puedes acceder a contratos públicos y así un largo etcétera de adversidades. Según las investigaciones del prestigioso economista peruano Hernando de Soto, para abrir un taller de confección demoraba 289 días y costaba 31 veces el salario mínimo mensual de la época. En pocas palabras, o eras rico o no tenías nada que hacer.

Y habían cosas aún peores, por ejemplo, legalizar un pedazo de tierra podía llevar hasta 15 años. ¿Quieres saber cuál fue el resultado de todo eso? La exclusión económica de muchísimas personas y la imposibilidad fáctica de competir en un libre mercado hacía que las élites conservaran sus privilegios. Este tipo de políticas públicas siempre genera muchísima desigualdad y, sobretodo, muchísima frustración social.

En ese momento surge Sendero Luminoso. Es cierto, este grupo maoísta no nace para luchar contra esta burocracia pero si es verdad que consigue crecer y ganar apoyo en buena medida, gracias a toda esa frustración, a la pobreza y a la desigualdad.

Claro que, la alternativa de Sendero Luminoso era aún peor. Y de eso se dieron cuenta muy pronto muchos campesinos y trabajadores de las áreas rurales que se negaban, por ejemplo, a colectivizar la tierra que era algo que defendía Sendero Luminoso. Para defenderse, muchos de estos campesinos crearon comités de autodefensas, las llamadas DECAS rurales. Pero, a pesar de algunos avances, apenas se consiguió nada. Carecían de apoyo del gobierno, no había colaboración, estaban absolutamente solos probablemente porque muchos de los campesinos eran cocaleros.

Y esto ensimismo era un problema grandísimo: por un lado los militares combatían ciegos, no sabían distinguir entre un campesino común a un miembro de Sendero Luminoso. Dichos errores provocaron muchísimas víctimas inocentes y esto a su vez se traducía, claro está, en más apoyo para Sendero Luminoso. Era un desastre total. Como hemos visto todo apuntaba a que Perú caería pronto en manos de este grupo terrorista. Pero, repentinamente, en la década de los noventa se probó una nueva estrategia.

Por un lado, y gracias a un convenio firmado con Estados Unidos, en el año de 1991, el gobierno de Perú reconoció que los cocaleros no eran por definición narcotraficantes sino simplemente campesinos. Esto permitió que el ejército no sólo les dejara en paz, sino que incluso comenzarán a cooperar con las DECAS. Por otro lado se inició un ambicioso plan de reformas para favorecer la integración económica de los excluidos. Por ejemplo, se redujeron un 75% los trámites burocráticos que bloqueaban el acceso a la actividad económica; se reconocieron y se formalizaron cientos de miles de propiedades y también se legalizaron más de medio millón de empleos.

La situación cambia muy rápido. Sendero luminoso perdió prácticamente cualquier apoyo y se enfrentó a una poderosa fuerza de choque compuesta por más de 120,000 campesinos y 30,000 soldados. Ahora tenían motivación y medios suficientes para luchar, entre otras cosas porque los pobres ahora tenían la oportunidad de prosperar.
Pues bien, en el 92, Sendero Luminoso era ya historia y su líder Abimael Guzmán estaba entre las rejas. Eso sí, por desgracia, este grupo criminal dejó a sus espaldas casi 70,000 vidas perdidas. Del Perú de los años 90, de ese golpeado y ahora fortalecido Peru, nos vamos hasta principios del siglo XXI.

David Petraeus ha sido uno de los generales más importantes de Estados Unidos en los últimos tiempos. De hecho, se habló de su posible carrera a la casa blanca, aunque esta posibilidad quedó truncada en 2012 debido a un escándalo que lo obligó a dimitir; había compartido información clasificada con su biógrafa y amante. Pero esta no es la parte de su vida la que nos interesa. La enorme popularidad que alcanzó este General tuvo mucho que ver con sus éxitos desde que en el 2007 el Presidente George Bush le nombra comandante en jefe de las tropas norteamericanas en Irak. Y ojo, porque el destino no era precisamente fácil; Irak era en esa época era un completo desastre, aún más que hoy en día, y las tropas estadounidenses se enfrentaban a muchísimos problemas.

El general sabía que la cosa no podían continuar en la manera que hasta ese momento habían ocurrido, así que cambió por completo el enfoque de la lucha y dejó un lado la estrategia inicial que consistía simplemente en apostar por la abrumadora superioridad militar. No sólo la dejó a un lado, defendió abiertamente su idea de que limitar la estrategia al campo militar era del todo contraproducente. El General Petraeus cambió las reglas del juego y puso sobre la mesa la necesidad de que el ejército estadounidense se implicar a con la sociedad y cobrarse una comprensión social, cultural y religiosa de los acontecimientos.
Bajo sus órdenes el ejército estadounidense comenzó a cooperar con las fuerzas locales, con los líderes tribales, empezó a prestar atención a los problemas sociales y económicos de la población, a la reconstrucción, etcétera. Incluso, aunque parezca mentira, el ejército norteamericano comenzó a diferenciar entre grupos terroristas y organizaciones políticas, religiosas o civiles. Hasta la llegada del general Petraeus para los estadounidenses todos eran lo mismo; enemigos.

El éxito de la nueva estrategia fue total, el general dio la vuelta por completo a la campaña. En poco tiempo 100,000 voluntarios iraquíes de tribus que antes eran consideradas como enemigas pasaron de enfrentarse a los soldados estadounidenses a luchar codo a codo con ellos.
Este tipo de estrategias han sido piezas claves para poder alcanzar sistemáticamente la paz en diferentes zonas del mundo. Por lo que podemos ver en Perú no existían las posibilidades de crecimiento económico al menos que fueras del sector burgués. En lo que respecta en la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, vemos que la estrategia no fue implementar el disparar a lo que se mueva sino que fue más allá, ya que se capacitó a los soldados para que entendieran los contextos culturales y sociales y pudiesen penetrar de manera positiva en las entrañas de estas naciones.

Jonathan Valpuesta Quesada
Premio Michoacano de la Juventud
Forum For Cooperation, Understanding and Solidarity Delegate
Twitter: @Johnvalpuesta

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