El hombre de la posmodernidad

Por: Luis Ventura de La Rosa

La posmodernidad, también denominada postmodernidad, es un concepto muy amplio que se refiere a una tendencia de la cultura, el arte y la filosofía que surgió a finales del siglo XX. A nivel general, puede decirse que lo posmoderno se asocia al culto de la individualidad, la ausencia de interés por el bienestar común y el rechazo del racionalismo, aunque la idea tiene muchas aristas.

Es el hombre por el hombre para el hombre. La posmodernidad y el concepto de hombre.

Gabriel Marcel (fue un dramaturgo y filósofo francés. Sostenía que los individuos tan sólo pueden ser comprendidos en las situaciones específicas en que se ven implicados y comprometidos.), están revelando su enorme actualidad, especialmente por las claves que sus pensamientos nos pueden aportar a la hora de analizar la frágil situación del hombre contemporáneo. Si Marcel hubiese vivido en este momento sin duda habría señalado la paradójica situación de vivir en un mundo que se cree cada vez más seguro y fuerte cuando en realidad es cada vez más débil, y quizá habría advertido que la causa última de tal debilidad deviene sobre todo de haber sido construido de espaldas a la trascendencia.

La antropología de Marcel comienza con la constatación del carácter primordial e ineludible de la corporalidad, tal como se concreta en su contundente afirmación: “yo soy mi cuerpo”. La encarnación es el modo de estar presente el hombre en el mundo: está en el mundo y mantiene relaciones con otros seres gracias a su cuerpo. El hombre es, pues, un ser corporal e inserto en el mundo

Luego entonces, el ser humano no es solo un ser corporal, también es un ser temporal, un ser cuyo modo de ser es una exigencia y participación en el ser: existencia. Éste es, sin duda, un punto clave ¿se reduce el hombre a la fluidez, al paso del tiempo; o hay algo estable en él? ¿Es el hombre una existencia que se hace a sí misma o una vocación con un sentido? ¿Cómo vive el hombre el tiempo?, Marcel nos regala la fenomenología de la existencia humana, es decir, desarrolla una metafísica de la existencia humana. Esboza algunos elementos de lo que sería una metafísica de la existencia humana en Marcel a partir de dos nociones claves en su pensamiento: la noción de ser encarnado y la noción de participación.

Características de la vida y el hombre de la postmodernidad,

La hiperactividad y exaltación de la frugalidad: divertirse a toda costa, intolerancia al aburrimiento, sólo lo que es entretenido merece atención y dedicación; vacío, silencio hay que evitar el silencio.

Celeridad y fugacidad: imperio de lo efímero, todo caduca a un ritmo frenético, las vanguardias mueren antes casi de darse a conocer; muchos se han convertido en transeúntes del tiempo, condenados a no reposar en nada, a ser olvidados pronto; de la seguridad que daba la durabilidad, ahora se vive.

En la angustia de la inseguridad y el relativismo.

Amenaza a la identidad y la intimidad: violadas continuamente por las bases de datos, reducción de la persona a dígitos computarizados, manipulación de nuestros deseos, anhelos y necesidades más profundas, homogeneización; Observando detenidamente la “lógica del mercado”, podemos ver cómo se esfuerza en vencer las resistencias del sujeto, sus hesitaciones incertidumbre, sus dudas, su posibilidad de “pararse” a reflexionar.

Adictividad: abunda la gama de adicciones ofrecidas “engañosamente” por un marketing cuidadosamente estudiado, que “esclaviza” con las promesas de felicidad y eterna juventud: desde ser fármacos dependientes hasta drogas cada vez más potentes, sexo, shopping, TV, adictos al trabajo, Internet, celulares, últimos gadgets tecnológicos, moda…

Afán prometeico de conocimiento total (el fin de los mitos y misterios), se alimenta el omnímodo poder del hombre como medida y fin exclusivo de todas las cosas; un pseudo antropocentrismo de segunda.

Esclavitud a las prótesis tecnológicas: aquel que no sepa informática, no existe; el progreso tecnológico termina, sin un adecuado uso, en usurpador del dominio al hombre, domesticándolo y arrinconándolo; de tener los instrumentos como prótesis para suplir sus insuficiencias y dotarle de mayor control, se ha pasado a ser el eterno amateur, aprendiz de aparatos nunca suficientemente comprendidos o necesarios.

Calidoscopio de apariencias e imágenes: vivimos en la sociedad del espectáculo; en vez de vivir miramos vivir; en vez de protagonizar nuestras propias vidas, de construir el propio relato de nuestra vida, la rellenamos con otros personajes artificiales y artificiosos; los realities ocupan exagerada atención porque se quiere ver en ellos lo que los griegos le daban sus dioses: poderes o sentimientos sobrenaturales tanto en lo alto como en lo bajo.

La imposición de la felicidad no como algo que viene de la profunda armonía interior de la persona, sino como imperativo consumista lo que ha llenado las librerías de libros de auto-ayuda (se vale sentirse triste, se vale fracasar, se es humano y lo único certero de un humano es su imperfección y su mortalidad.

La hibridación del lenguaje en un mundo en donde se rompen las fronteras culturales y se fabrican mezcolanzas como lo hacen ciertas tendencias religiosas, teosóficas, doctrinales.

La ética se disuelve y desaparece para dar paso a lo estético: “porque me gusta y es agradable, es bueno”; lo tecnológico se yuxtapone sobre lo científico, lo eficaz se devora lo valioso, el talante desplaza el talento; en el lenguaje prima lo fast (rápido) y se denigra lo slow (lento)ya que este último exige pensar, detenerse, reflexionar, dejar de lado algo que es más “agradable”, etc..

Se cae continuamente la relativización de todo: todo vale lo mismo, lo importante es el dinero, no hay absolutos (llámese paz, justicia, libertad).

Se banaliza el sexo, la fidelidad y las relaciones duraderas; la actividad erótica se vive como algo simplemente transitorio, sin que conlleve a un compromiso y muchas veces despreciando los sentimientos del otro.

El hombre a lo largo de la historia ha transitado por varios estadios hasta llegar a lo que es hoy, ahora vemos que el hombre posmoderno está más influido por lo material y no se preocupa por la trascendencia se ve un hombre un tanto banal, temporal y se da el surgimiento de un hombre vacío.

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