Por Javier Robledo | Sala de Prensa Michoacán
La Noche de Muertos es una de las expresiones culturales más representativas de Michoacán.
Cada año, el cempasúchil, las velas y los altares nos recuerdan que nuestras tradiciones son mucho más que una celebración: son parte de nuestra identidad, nuestra historia y el vínculo con quienes nos antecedieron.
En municipios como Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Quiroga y Erongarícuaro, así como en las comunidades de la ribera del lago, esta temporada también representa una oportunidad económica para miles de familias que viven del turismo, las artesanías, la gastronomía y el comercio local.
El reto es lograr que el reconocimiento nacional e internacional de nuestras tradiciones se traduzca en mejores ingresos y oportunidades para quienes las mantienen vivas.
Para ello, es fundamental impulsar el turismo responsable, fortalecer los servicios, respaldar a los productores locales y garantizar que el crecimiento turístico respete las costumbres, los espacios naturales y el significado de cada celebración.
La tradición no debe convertirse únicamente en un atractivo turístico; debe seguir siendo una herencia viva de nuestras comunidades.
Recibir visitantes y generar desarrollo económico es compatible con preservar la esencia cultural de Michoacán.
También debemos involucrar a las nuevas generaciones, para que niñas, niños y jóvenes conozcan el valor de nuestras raíces y contribuyan a transmitirlas a quienes vienen detrás.
Michoacán tiene en su cultura una enorme oportunidad de desarrollo.
La clave está en crecer sin perder nuestra identidad, generar prosperidad sin desplazar nuestras costumbres y compartir nuestra riqueza con México y el mundo sin olvidar a quienes la han preservado durante generaciones.
Porque conservar la Noche de Muertos es honrar nuestro pasado, fortalecer nuestro presente y construir un futuro con identidad para Michoacán.




