El peligro de una revuelta


Por Leopoldo González

Si el gobierno no resuelve los problemas que plantea la intemperie civil y no despliega una estrategia política preventiva para hallar salidas y dar cauce al malestar social que hoy vive México, es probable que su torpeza, su falta de eficacia y su insensibilidad contribuyan a regar y fertilizar muy pronto las semillas de una revuelta social, o de algo peor.

México podría convertirse, muy pronto, en la Ruanda o la Somalia de Latinoamérica. Y ojalá esta aseveración fuese metáfora poética, pero no lo es. Al escribir esto, recuerdo a un gran amigo que ha afirmado algo semejante.

La razón de esto es simple y evidente, por más que el discurso oficial intente convencernos machaconamente de la realidad paralela en que vive: a los problemas que prometió resolver López Obrador y que más bien agravó, se sumaron los muchos que creó y multiplicó, y a esos se han sumado los generados por el gobierno de la actual inquilina de Palacio.

Los partidos son contratados por los ciudadanos en las urnas para formar gobierno, y los gobiernos, a su vez, están constituidos para establecer o encarnar la voluntad de un orden republicano basado en la ley. De acuerdo con el mandato de las urnas, los gobiernos están ahí para dos cosas: no para quejarse indefinidamente del pasado heredado o la rebelde realidad, sino para atender y solucionar problemas y para dar resultados concretos a quien los puso ahí: la sociedad civil y el pacto electoral.
Sin embargo, México tiene ocho años siendo víctima de una malignización y una profunda distorsión de su filosofía y su vida democrática.   

Cuando un problema colectivo no lo resuelve quien fue contratado en las urnas por el pacto electoral, deja en los afectados cierta decepción y un resabio de rencor y antigobiernismo que podrían tornarse destructivos. Pero cuando al problema no resuelto y sí agravado y multiplicado se agregan otros por corrupción o ineptitud gubernamental, o por ambas, el malestar social crece y la posibilidad de que las cosas se salgan de control en el país avanza.

Cuando las cosas se salen de control en un país es por algo, y no precisamente porque todas las fuerzas y factores de poder quieran que al país le vaya mal. El principal factor para que un país muerda el polvo en la vorágine de la inestabilidad y la ingobernabilidad, casi siempre es el gobierno. Lo dijo Platón en el libro IV de La República: “El mal viene a las repúblicas por el hecho de que no hace cada quien lo que le corresponde”. 

México es un país en el que se han desalineado y caotizado varios elementos que integran la nación y la República, porque muchos ciudadanos permitieron e incluso alentaron que un “ego enfermo” suplantara los fundamentos y la razón de ser de la nación y la República. Así de claro y simple, y así de doloroso.

Si en 1977, en el Congreso de Chilpancingo, Jesús Reyes Heroles convocó a la nación a alejar del aire turbio “la tentación de despertar al México bronco”, porque a nadie convenía resucitar los demonios de la intolerancia y el fanatismo ideológico, hoy es más que oportuno y pertinente un llamado en los mismos términos, con una salvedad: hoy no es la sociedad maltratada, sino el gobierno el que atiza irresponsablemente el regreso del México bronco.

La chispa o el petardo de un incendio nacional podría surgir de cualquier parte, porque el hartazgo, el encono y la polarización de varios gremios y sectores de la sociedad no encuentra eco, solución ni salida.
Los campesinos y líderes del transporte de carga que han tomado y bloqueado las carreteras del país, atenazados por la crisis del agua y la delincuencia organizada, están replegados pero no satisfechos frente a la indolencia gubernamental.

El colapso del sistema de salud, resultado del saqueo y los trastupijes del Cartel de Macuspana y otros carteles, en el que no hay insumos, medicamentos, cirugías ni respeto a la dignidad de sus empleados, vive días de mucha tensión y la quijada endurecida de los médicos que marchan y protestan podría ser un caldo de cultivo de la desestabilización.

Si a esto se suman, como ya lo han anunciado, expresiones del SNTE y la CNTE, delegaciones gremiales de PEMEX, la CFE y el sindicato del Metro y mexicanos de a pie a los que les da horror la situación que vive el país con la 4t, México podría pasar de la rebelión de las batas blancas a la insurrección social.

Vivimos un momento nacional de riesgo y peligro, del que sólo pueden salvarnos el aire sereno de la gente inteligente y la racionalidad política. Urge repensar nuestro presente. ¿Lo entenderá el primer círculo del poder? Lo dudo.

Pisapapeles

Ojalá nunca llegue a nosotros el rumor de la revuelta, porque es una mezcla explosiva de aire turbio, borrasca y ventisca social que casi nada deja en pie.
leglezquin@yahoo.com

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