La confianza también genera inversión: María Belém Morón

La coordinadora de Vinculación Empresarial del proyecto del profesor Raúl Morón plantea que Michoacán necesita certeza, financiamiento, infraestructura y una estrategia que fortalezca las vocaciones productivas de sus regiones.

Morelia, Michoacán.- Hablar de inversión no significa solamente hablar de dinero. Para que una empresa decida instalarse, ampliar operaciones o contratar nuevos trabajadores necesita saber que encontrará condiciones para crecer y permanecer.

Por eso, la certeza jurídica, la infraestructura, el acceso al financiamiento, el talento y la seguridad deben analizarse como partes de una misma política de desarrollo económico.

Desde la Coordinación de Vinculación Empresarial del proyecto del profesor Raúl Morón hemos insistido en que Michoacán tiene enormes fortalezas productivas.

El siguiente reto consiste en convertirlas en ventajas competitivas permanentes.

Una empresa puede encontrar un mercado atractivo, pero si enfrenta incertidumbre en los trámites, dificultades para acceder a financiamiento, problemas logísticos o falta de personal capacitado, la inversión puede retrasarse o simplemente buscar otro destino.

La certeza jurídica, por ejemplo, puede sonar como un concepto lejano para muchas personas, pero en realidad tiene efectos muy sencillos en la economía cotidiana.

Significa que una pequeña empresa pueda firmar un contrato y tener confianza en que será respetado; que quien decide invertir conozca las reglas desde el principio; y que un emprendedor pueda planear el crecimiento de su negocio pensando no solamente en los próximos meses, sino en los próximos años.

La confianza también es un factor económico.

Lo mismo ocurre con la infraestructura.

Una carretera, una vialidad o una obra hidráulica no adquieren valor económico únicamente por el monto que se invierte en ellas.

Su verdadero impacto aparece cuando reducen costos, conectan mercados, mejoran servicios y permiten que empresas y trabajadores sean más productivos.
Pero Michoacán también necesita mirar nuevamente hacia sus propias vocaciones productivas.

Un ejemplo interesante es el café.
De acuerdo con información publicada en diferentes medios de comunicación, Michoacán mantiene producción cafetalera en 22 municipios, con al menos 300 toneladas anuales.

Son cifras todavía modestas frente a otros productos que caracterizan la economía agrícola del estado, pero precisamente por eso representan una oportunidad.

No se trata de sustituir actividades exitosas como el aguacate. Se trata de diversificar.

El café puede convertirse en una cadena económica mucho más amplia cuando dejamos de observar únicamente el cultivo y pensamos también en tostado, procesamiento, empaque, construcción de marcas regionales, comercialización, gastronomía, turismo y eventualmente nuevos mercados.

Cada eslabón adicional significa la posibilidad de que una mayor parte del valor generado por el producto permanezca en las comunidades.

Y eso es precisamente lo que debemos buscar con nuestras vocaciones productivas: no solamente producir más, sino generar más valor en Michoacán.

Diversificar nuestra economía también significa reducir riesgos. Un estado con más actividades productivas, más empresas y más mercados tiene mejores herramientas para enfrentar cambios externos.
Otro reto fundamental es el financiamiento.

Actualmente, la tasa de referencia del Banco de México se encuentra en 6.50 por ciento. Es importante explicar que esto no significa que un empresario pueda acudir a un banco y obtener automáticamente un crédito al 6.50 por ciento.

La tasa de referencia funciona como una especie de punto de partida para las condiciones financieras de la economía.

A partir de ahí, los bancos incorporan otros elementos como el riesgo del negocio, el plazo del crédito, las garantías y sus propios costos.

Por eso, la tasa que finalmente enfrenta una pequeña empresa puede ser considerablemente mayor.

¿Qué significa esto en la vida real?
Que para una pequeña empresa comprar una máquina, ampliar un establecimiento, adquirir un vehículo de trabajo o financiar inventarios todavía puede representar un costo importante.

Y cuando financiarse es caro, muchos negocios posponen inversiones que podrían ayudarles a crecer y generar nuevos empleos.

Por eso, cuando hablamos de apoyar a las MIPyMES no basta con decir que necesitamos más créditos.

Necesitamos empresas mejor administradas y formalizadas, capaces de presentar proyectos viables y acceder a mejores condiciones de financiamiento.
También necesitamos mecanismos que reduzcan riesgos, capacitación financiera y una mayor vinculación entre empresas e instituciones de crédito.

Ésa es la diferencia entre simplemente prestar dinero y construir una verdadera política de desarrollo empresarial.

Desde el proyecto del profesor Raúl Morón queremos contribuir precisamente a esa conversación.
Nuestra responsabilidad desde la vinculación empresarial es escuchar a quienes todos los días enfrentan el reto de contratar personal, pagar una nómina, cumplir obligaciones fiscales, invertir y mantener funcionando una empresa.

Michoacán tiene enormes posibilidades. Tenemos campo, industria, turismo, servicios, profesionistas, emprendedores y una posición logística privilegiada.

El siguiente paso consiste en construir las condiciones para transformar esas fortalezas en empresas más competitivas, empleos permanentes y mayores oportunidades para nuestras regiones.

Por eso nuestra visión es sencilla:
certeza para invertir, financiamiento para crecer, infraestructura para competir y desarrollo para nuestras regiones.

Porque cuando una empresa tiene confianza para invertir y condiciones para crecer, el beneficio termina llegando mucho más allá de sus puertas: llega a sus trabajadores, proveedores, familias y comunidades.

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