1 de mayo: Emancipación total

Por: Hugo Rangel

“El capital es trabajo muerto que, como un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo, y vive más cuanto más trabajo chupa”. Con esta sentencia, Karl Marx definía una realidad que, lejos de ser un eco del pasado, describe una herida que en México sigue abierta. El capital se erige todavía como una sombra que se alimenta de nuestro esfuerzo, de nuestro tiempo, de nuestro sudor y nuestra sangre. Ante este panorama, cabe preguntarnos, ¿cuándo llegará a su fin este baile de vampiros?. ¿Cuándo el sol del alba traerá, por fin, el remanso de libertad y justicia obrera que tanto hemos buscado?

Ese «trabajo muerto» denunciado hace más de un siglo tiene hoy un rostro concreto en nuestra realidad nacional. El tipo de relaciones sociales capitalistas en nuestro país es el responsable directo de las condiciones de subdesarrollo y dependencia de nuestra economía. Es un sistema que se ha encargado de marginar el crecimiento en regiones enteras, desde las zonas industriales hasta el campo; de contaminar y devastar el medio ambiente y, fundamentalmente, de mantener en la miseria a la gran mayoría del pueblo. 

Este 1 de mayo, al conmemorar la gesta de los mártires de Chicago, no solo recordamos la lucha por los derechos laborales, sino que reivindicamos las herramientas teóricas para entender este asalto sistemático a la vida. La historia humana no es otra cosa que la historia de la lucha de clases; no existe armonía posible entre el capital y el trabajo, porque el primero vive exclusivamente de y para agotarnos. 

Vivimos en la paradoja cruel del sistema. Cuanto más produce el obrero, menos tiene. Mientras la riqueza de unos cuantos crece de forma obscena, la vida de las mayorías se precariza cada vez más. Desde nuestra fundación en 1990, en el Partido del Trabajo hemos sostenido que la historia es la resistencia contra esa succión incesante. Para nosotros, el trabajo es la única bandera; es la actividad creadora que nos transforma y la única fuente real de riqueza social. 
Por ello, nuestra lucha trasciende la demanda de mejores salarios. Es una batalla frontal contra la alienación que pretende convertirnos en simples engranajes de una maquinaria voraz y descarnada. El objetivo final debe ser la emancipación total. Somos conscientes de que, para que la libertad política sea efectiva, requiere necesariamente de la libertad económica; hoy, lamentablemente, solo los dueños de todo gozan de ambas. 

La ruta es clara, un proceso de destrucción y construcción dialéctica que detenga el baile de las sombras. Es imperativo destruir, hasta la raíz, las relaciones de explotación, opresión y dependencia que nos han mantenido subordinados. Pero, sobre ese espacio ganado, debemos construir formas nuevas que devuelvan al pueblo de México el mando absoluto sobre su propia existencia. 

Que el control de la vida regrese a quienes producen la riqueza. Aspiramos a una transformación que subordine el Estado al mandato de las mayorías y que haga florecer una cultura parida desde abajo, con la dignidad como único lenguaje. ¡Proletarios del mundo, uníos!.

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