El Observador Global
ANTES DE LA CAMPAÑA: LA POLÍTICA
“Un consultor político no puede crear un candidato; solo puede ayudar a revelar lo mejor que hay en él.”
— Joseph Napolitan
Por Richard Guevara Cárdenas
Primera sesión de asesoría política. Simón González, 49 años, presidente municipal de Valle del Norte —una ciudad ficticia de un también ficticio estado mexicano— llega puntual. Segunda gestión, alto nivel de conocimiento en su municipio, imagen positiva estable y baja negatividad. Viene con una decisión tomada: quiere competir por la gubernatura. Trae activos claros —gestión ordenada, cercanía con sectores productivos, buena valoración local y presencia mediática sin sobresaltos—, pero también debilidades evidentes: bajo nivel de instalación fuera de su municipio, discurso genérico al plantear un proyecto estatal, ausencia de un eje de conflicto definido y un perfil más asociado a administrador que a líder político. No hay todavía un diferencial construido frente a otros actores que ya están en carrera.
En la reunión se le pide sintetizar en una idea por qué debería ser gobernador. No lo logra. Recurre a lo predecible: “gestionar bien”, “estar cerca de la gente”, “dar resultados”. Correcto… pero insuficiente. Aquí no se corrige ni se maquilla; se establece el diagnóstico: qué tiene, qué le falta y qué debe construir antes de pensar en campaña, porque en política la secuencia importa: primero se construye poder, luego se comunica poder.
Simón insiste en arrancar con espectaculares, videos, redes sociales, entrevistas; quiere “posicionarse”. Se le detiene en seco: ¿posicionarse en qué, con qué narrativa, contra quién, para qué electorado? Silencio. Y ahí aparece el problema central: la ansiedad por comunicar sin haber construido. Un candidato con alta pauta digital pero sin conflicto político claro se convierte en publicidad vacía: mucho impacto, cero recordación útil; la gente lo ve, pero no sabe por qué votarlo. Un aspirante sin estructura territorial que invierte en imagen genera una ilusión de fuerza que se desvanece cuando necesita movilización real; la publicidad no vota. Un perfil bien evaluado localmente que salta a lo estatal sin narrativa diferenciadora se diluye frente a actores con identidad política más definida; la propaganda no compensa la falta de identidad, la exhibe. Cuando no existe adversario ni contraste, la comunicación se vuelve plana: todos prometen lo mismo, todos “gestionan bien”, todos “están cerca de la gente”; sin conflicto no hay posicionamiento. Y cuando se arranca con slogans creativos sin sustento político, las campañas terminan corrigiéndose a mitad de camino, quemando recursos, tiempo y credibilidad; la improvisación es el costo de no haber pensado antes.
La política no es un ejercicio estético; es construcción de poder, de narrativa, de causa y de conflicto. La publicidad y la propaganda son herramientas, no sustitutos. Cuando se invierte el orden, el resultado es predecible: mucho ruido, poca influencia. Simón empieza a entenderlo; deja de hablar de anuncios y comienza a hablar de alianzas, deja de mencionar spots y empieza a pensar en territorio. Ese es el punto de quiebre. Antes de la campaña… está la política. Y quien no lo entienda, está condenado a pagar por anunciar lo que no ha construido.
Richard Guevara Cárdenas es consultor político especializado en estrategia electoral, posicionamiento de liderazgo y construcción de narrativa. Con experiencia en campañas en territorios complejos en América Latina, se desempeña como analista y columnista en diversos medios digitales.
Instagram: richardguevarac




