Torres Piña: el resurgimiento desde la Fiscalía

Por: Leovigildo González

Lo que en su momento fue visto como la “rifa del tigre”, hoy se ha transformado en una inesperada plataforma política. La designación de Carlos Torres Piña al frente de la Fiscalía General del Estado no solo implicaba asumir una de las instituciones más complejas y desgastadas de Michoacán, sino también, en apariencia, alejarlo de la contienda por la gubernatura. Sin embargo, el efecto ha sido el contrario.

A unos meses de haber sido considerado fuera del radar en Morena, Torres Piña ha logrado reposicionarse en el escenario político estatal. Desde la Fiscalía, ha capitalizado una exposición permanente en la agenda pública, enfrentando un contexto marcado por la inseguridad, la presión social y los bajos niveles de confianza institucional. Paradójicamente, ese mismo entorno adverso le ha permitido construir una narrativa de operador eficaz en tiempos de crisis.

Casos de alto impacto, como el homicidio de Carlos Manzo, no solo han colocado a la institución bajo los reflectores, sino que también han abierto canales de interlocución a nivel federal. La coordinación con figuras clave del gabinete de seguridad, como Omar García Harfuch, cercano al círculo de la presidenta Claudia Sheinbaum, le ha dado a Torres Piña un posicionamiento que trasciende lo local.

No obstante, el contexto dista de ser favorable en términos estructurales. La Fiscalía arrastra problemas históricos: rezago en investigaciones, percepción de impunidad y una débil aprobación ciudadana. Aun así, el fiscal ha logrado sortear estos obstáculos y, en términos políticos, salir fortalecido. Hoy, su nombre ya no solo figura, sino que compite en serio frente a perfiles consolidados como Raúl Morón.

Detrás de este reposicionamiento hay también un factor clave: la estructura política. Torres Piña no es un improvisado; cuenta con más de 20 años de trabajo territorial, una red que le ha permitido mantenerse vigente y competitivo. En un partido como Morena, donde las decisiones formales suelen cruzarse con dinámicas internas y definiciones nacionales, este capital político resulta determinante.

La disputa, sin embargo, está lejos de resolverse. Al interior de Morena se libra una contienda intensa, donde convergen distintos factores: el impulso del discurso de “tiempo de mujeres”, los perfiles con trayectoria como Morón, y los operadores con presencia territorial como Torres Piña. Todo ello bajo una lógica en la que la última palabra no necesariamente se define en Michoacán.

Así, el fiscal enfrenta una doble batalla: por un lado, la institucional, en un estado donde la seguridad sigue siendo el principal desafío; por el otro, la política, en un proceso interno que ya se encuentra en ebullición.

Las encuestas comienzan a reflejar esta nueva realidad: Carlos Torres Piña ya no es un actor marginal, sino un contendiente competitivo. Falta ver si este resurgimiento logra consolidarse en candidatura, o si, como en otros procesos, la decisión final se toma lejos del territorio que pretende gobernar.

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