¿Intolerante a la corrupción?

LIBRE EXPRESIÓN…

Por: Carlos Alberto Monge Montaño.

“La corrupción y la hipocresía no deberían ser productos inevitables de la democracia, como sin duda lo son hoy”. Mahatma Gandhi (1869 – 1948) Pacifista, político, pensador y abogado indio.

La presunta lucha contra la corrupción se ha convertido en el fetiche discursivo favorito de los políticos empoderados, más aún si se trata de los que militan en Morena; pero en los hechos, su desempeño va en sentido opuesto.

El gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, no es la excepción. En el discurso enmarcado en la entrega de su primer informe de labores, trepado en la moda señaló que es “intolerante a la lactosa y a la corrupción”. 

Acciones muy concretas de su primer año al frente de la administración estatal, hacen evidente que intolerante, precisamente intolerante a la corrupción, no es. Y es que para ser corrupto no hace falta literalmente robarse el erario, hay otras maneras, unas que incluso, gozan de cierta tolerancia en los usos y costumbres del poder.

Veamos. Desde el poder político y/o público, podemos sintetizar que la corrupción es una práctica que consiste en abusar del poder para sacar provecho económico o de otra índole, así como para obtener una ventaja ilegítima.  Así que mentir con alevosía y ventaja, violentar leyes y hasta aprovechar marcos legales para favorecer a los cuates, pueden considerarse también maneras de esta lamentable práctica.

En el caso de Ramírez Bedolla, enfático señaló que es intolerante a la corrupción, pero en lo que va de su gobierno, ya se pueden percibir varias acciones que podrían ubicarse como actos sospechosos de corrupción.

Pongo a consideración 3 ejemplos.

El más grotesco y evidente hasta ahora es la entrega de notarías. Cercanos del actual gobernador, como Ignacio Mendoza (Coordinador del Sistema Penitenciario de Michoacán) y su esposa Claudia Oropeza Miranda, evitaron que Silvano Aureoles Conejo entregara 12 nuevas notarías a cuates y colaboradores suyos. Argumentaron que no estaba justificada la creación de ninguna, como lo señalé en esta misma columna el pasado 10 de agosto.

Indudablemente se llevaron los aplausos de los integrantes de la 4T michoacana y seguramente de muchos ciudadanos más; pero, sorprendentemente, Claudia Oropeza no tuvo empacho en aceptar una de esas notarías que antes fustigó. 

Ramírez Bedolla entregó 5 de las nuevas notarías a abogados que son públicamente reconocidos como sus cuates y que se desempeñaban en su administración, donde destacan Oscar Celis Silva (director Regional de Bienestar en Morelia) y Paula Espinoza Barrientos (directora del DIF Michoacán).

El regalo de notarías que suele darse en el “Año de Hidalgo” de un gobierno, Alfredo Ramírez lo puso en práctica cuando apenas comienza. Es una acción que, en voz baja, varios de sus seguidores, colaboradores y notarios, señalan que fue un gravísimo error, en especial porque se presume que algunos no cumplen todos los requisitos.

¿Usted estimado lector, considera que este hecho califica como un acto corrupto?

Un segundo ejemplo es el reemplacamiento. Desde la oposición e integrando la Septuagésima Cuarta Legislatura local, Ramírez Bedolla se mantuvo firme en contra de nuevos impuestos y de encarecerlos, así como del segundo pago de placas que intentó Silvano Aureoles.

Se ganó los aplausos de muchos michoacanos, pero ya instalado en el máximo poder estatal, se olvidó de lo que defendió con tanta vehemencia, ahora sí encontró razones para llevarlo a cabo.

No conforme, generó una campaña de difusión en sus redes sociales, con la que pretendía aminorar la molestia ciudadana al destacar que se trataba de las “placas más baratas”. Mintió con alevosía y ventaja o lo engañaron algunos integrantes de su equipo, pero no corrigió la información.

Por las placas que impuso Alfredo Ramírez los michoacanos pagamos $1,789.00 mientras que por las de su enemigo favorito, Aureoles Conejo, pagamos $1,477.50.

Así que, para su comparativo tramposo, sumó al costo de placas del gobierno anterior el del Engomado de Refrendo, como se lo expliqué en esta columna el 5 de enero del presente año.

¿Carecer de congruencia política según la posición que juegues y mentir en campañas de difusión podrían considerarse actos de corrupción?

Finalmente, les recuerdo que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, así como los estatales de Aguascalientes y Quintana Roo, han concluido que Alfredo Ramírez Bedolla violentó marcos legales por andar de matraquero electoral.

Puede ser, que, como su gurú Andrés Manuel López Obrador, no esté de acuerdo con esas leyes, pero mientras estén vigentes sería un político ejemplar si las respetara, mientras logran modificarlas.

Una vez más, la duda obligada es si ¿violentar marcos normativos que propuso el partido en el que milita, pueden considerarse como actos corruptos?

El gobierno de Alfredo Ramírez Bedolla apenas comienza. Sin duda tiene oportunidad de llevar a la práctica su presunta intolerancia a la corrupción. Por lo pronto, no se aprecia en todas sus decisiones y acciones. Y conste, el primer año de gobierno de cualquier político suele pasar sin mayores sobresaltos, lo realmente complejo les llega en el segundo tercio, al final y cuando se han ido. Veremos.

Con la esperanza de que haya una próxima vez… me despido, gracias.

cmongem@hotmail.com 








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