Cuando el barco se hunde

Por: Lenin Villegas

Hay un antiguo dicho popular que dice que cuando el barco se está hundiendo las ratas huyen, por supuesto que puede aplicar para diferentes situaciones y momentos de la vida, en la política es algo muy común.

En política existe el fenómeno de los chapulines, es decir aquellos políticos que brincan de un partido a otro con tal de mantenerse vigentes dentro del rubro y alcanzar una rebanada del pastel, porque muchos como dijeran por ahí piensan que “vivir fuera del presupuesto es un error”.

También es cierto que cambiar de partido y brincar de aquí a allá es una decisión totalmente personal, legítima y hasta válida. Muchas personas se cansan de luchar al interior de un proyecto político motivados por los principios e ideales para que sus superiores jerárquicos sean los primeros en traicionar estos principios y buscar solamente intereses personales, aveces hay ofertas que no se pueden rechazar y oportunidades que se presentan solo una vez en la vida, por lo que es muy entendible que todo ser humano aspire a mejorar, crecer y realizarse, así que cambiar de partido, de proyecto político y hasta de ideología es una decisión bastante personal y respetable.

Lo peor de algunos casos es que no tienen reparo en despotricar en contra de las personas e instituciones que les dieron un nombre y que les permitieron cobrar un salario, que en algunos casos es bastante decoroso, son capaces de irse a la yugular de los que alguna vez fueron sus padrinos políticos, como si hubieran perdido la memoria en un instante.

En la humilde opinión de este servidor, es muy entendible que cada persona luche por sus sueños e intereses, pero carecen de credibilidad aquellos actores que buscan avanzar a costas de hablar pestes de sus anteriores colegas, compañeros y líderes políticos. Cuando la carta de presentación de una persona es el trabajo acompañado de resultados tangibles, sin duda tendrá cabida en cualquier equipo, pero aquellos que lo único que saben es señalar los supuestos errores de los demás sin dedicarse a construir, sin duda que terminarán Cuando el barco se hunde.

Hay un antiguo dicho popular que dice que cuando el barco se está hundiendo las ratas huyen, por supuesto que puede aplicar para diferentes situaciones y momentos de la vida, en la política es algo muy común.

En política existe el fenómeno de los chapulines, es decir aquellos políticos que brincan de un partido a otro con tal de mantenerse vigentes dentro del rubro y alcanzar una rebanada del pastel, porque muchos como dijeran por ahí piensan que “vivir fuera del presupuesto es un error”.

También es cierto que cambiar de partido y brincar de aquí a allá es una decisión totalmente personal, legítima y hasta válida, muchas personas se cansan de tanto luchar al interior de un proyecto político motivados por los principios e ideales para que sus superiores jerárquicos sean los primeros en traicionar estos principios y buscar solamente intereses personales, aveces hay ofertas que no se pueden rechazar y oportunidades que se presentan solo una vez en la vida, y es muy entendible que todo ser humano aspira a mejorar, crecer y realizarse, por lo que cambiar de partido, de proyecto político y hasta de ideología es una decisión bastante personal y respetable.

Desde mi punto de vista, lo que no se vale es que algunos personajes al ver que el barco se está hundiendo, no solo brincan anticipadamente al grito de sálvese quien pueda en lugar de proponer y luchar por soluciones y alternativas para mantener vivo el proyecto que alguna vez defendieron con tanta entrega, sino que además no tienen reparo en despotricar en contra de las personas e instituciones que les dieron un nombre y que les permitieron cobrar un salario, que en algunos casos es bastante decoroso.

En mi opinión, es muy respetable el ver que cada persona luche por sus intereses pero carecen de credibilidad aquellos actores que se la pasan hablando pestes de sus anteriores colegas, compañeros e incluso jefes, cuando la carta de presentación de una persona es el trabajo sin duda tendrá cabida en cualquier equipo, pero aquellos que lo único que saben es señalar los supuestos errores de los demás y que no se dedican a construir con una visión honrada y honesta, es muy posible que terminen marginados.

Recordemos que del lugar que te vas te van a considerar como un traidor y a donde llegas te recibirán con desconfianza aquí y en China.

La credibilidad no es algo que se compre en la tienda en la esquina, se gana día a día a través de nuestras acciones y congruencia.