La radio y sus milagros

Hoy quiero hablar de la radio y no del radio. El segundo es la medida desde el centro de un círculo a cualquier punto de su circunferencia. La radio es toda otra cosa.

Quizás todos estamos demasiado entusiasmados con nuestras famosas redes sociales: selfies por aquí y por allá, post varios y un sin fin de artículos, frases y fotografías que a diario nos tienen saturados nuestra mente y corazón. ¿Dónde quedó la radio? ¿A dónde aventamos la televisión abierta? “Jarrito nuevo dónde te pondré, jarrito viejo a dónde te aventaré”, reza el dicho popular.

Sin embargo, hace una par de días tuve que desplazarme entre montañas a las afueras de Morelia por un sitio a donde no llega la señal del Internet, pero donde sí había frecuencia de radio. Además de que somos muchas las personas que preferimos escuchar nuestro programa favorito de radio cuando conducimos un vehículo varias horas al día, las amas de casa también tienes sus estaciones favoritas cuando llega la hora de poner orden en casa.

¿Cuál es la magia que todavía tiene la radio y que no la ha podido desplazar ni siquiera el mismísimo Spotify? Se trata de algo llamado costumbre con una mezcla de realidad. La radio se posicionó desde hace muchas décadas, a principio del siglo pasado, como uno de los medios más importantes de comunicación social para masas. Las hondas de radio se desplazan con mayor facilidad que las de la señal de Internet, además de que el servicio es gratis y sólo se requiere de un aparato compatible. Por otro lado, nos gusta escuchar a alguien que hablando lo escuchamos simultáneamente. Digamos que la radio nos pone las cosas muy fáciles para estar haciendo lo que estamos haciendo y a la vez siguiendo con nuestra mente a quien nos está dando noticias, quien nos divierte, quien nos envía saludos, quien nos recomienda una canción o incluso a quien nos espanta con historias de misterio y terror. La radio tiene una amplia gama de gustos.

Somos hombres y mujeres de radio, y, aunque la televisión o lo que se le parezca puede tener su encanto, pues además de escuchar ofrece el ver, la radio es capaz de despertar más interés y creatividad porque nos invita a ir creando en nuestra mente la figura de quien habla y la construcción de los mundos que se mencionan. Si tuvieramos que elegir un medio de comunicación social, yo me quedaría con la radio.

Cuando se habla y surge el milagro de la voz los oidos se abren a la gracia del mensaje. Las primeras manifestaciones de Dios a los hombres, según los relatos de la Sagrada Escritura, fueron voces cargadas de desconcertantes mensajes acompañados, algunas veces, de un par de visiones.  Desde entonces la Palabra de Dios se escucha en la asamble litúrgica sin estar acompañada de power-point alguno. La voz sonora es suficiente. Por el oido se suscita la fe.

Finalmente, parece que el portal de la radio es popular y sumamente incluyente. Por ahí se escucha la belleza del mundo, los corazones convocados salen al encuentro y también la voz de Dios resuena de vez en cuando.

P. Francisco Armando Gómez Ruiz