Don Juan Tenorio y algo más

Ya son 42 años presentándose la puesta teatral de José Zorrilla (1817-1893), Don Juan Tenorio (1844). Este año las presentaciones fueron tres en el Teatro Ocampo y una en el mítico pueblo mágico de Tzintzuntzan. Se trata de un evento que no dudo en calificarlo como ya “arraigado” a nuestra cultura michoacana.

A pesar del clásico castellano con el cual la obra fue escrita y así puesta en escena en dicha temporada teatral moreliana, la destreza de los actores ha logrado hacer un fácil acceso a la trama y mensaje de esta función que tiene como escenario las fiestas de los fieles difuntos.

Las pícaras hazañas de Don Juan, conquistador y rebelde sin causa, cruzan un buen día con la promesa del querer seducir a la novicia hermana de claustro, Doña Inés. Don Juan vive así la experiencia del contacto con los misteriosamente divino, pues por vez primera entra en su corazón la posibilidad del cambio de rumbo, la conversión. Sin embargo, sus muchos pecados públicos opacan aquella intención, pues nadie la creyó. Doña Inés raptada y Don Juan remata asesinando y huyendo para un día hacer experiencia, una vez más, del contacto con lo trascendente con la visita a aquel panteón donde reposaban los despojos mortales de aquellos a los cuales él les había hecho tanto daño.

En medio de la comedia salta la tragedia que suscita la catarsis, purificación de las almas. Así de fuertes las intenciones de esta centenaria propuesta literaria para el teatro de todos los tiempos.

Hay quien llega a este pórtico atraído por la belleza en sí del buen decir y del buen actuar, pero existe otro pasadizo que transporta con fuerza al pórtico del Tenorio: el mensaje cristiano allí presente. Todos morimos, hay una vida después de la muerte, y el amor es lo que puede salvar. Dios al principio y al final de la historia, por más que la trama esté doblemente torcida, Dios seguirá dando oportunidades de salvación.

¿Cómo llegó José Zorrilla al teatro Ocampo a mediados del siglo pasado? ¿Y cómo se ha mantenido con funciones relativamente llenas? La fuerza de la cultura, de la belleza, ha hecho lo suyo.

Exquisito gusto literario, buena actuación y destreza en el montaje harán que siga repitiéndose Don Juan Tenorio. Pasemos una vez más por esta puerta de belleza.

P. Francisco Armando Gómez Ruiz

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