La clave está en el gusto

Por: Francisco Armando Gómez Ruiz

Para nosotros es muy conocida la historia de la belleza. Hemos visto monografías de arte, entrado a algún museo -eso espero- y nuestra vida misma es un testimonio de que andamos buscando lo que nos gusta y agrada. Sin embargo, Umberto Eco además de presentar un libro titulado Historia de la belleza (2010), también hizo otro bajo el título Historia de la fealdad (2007). Aprendimos que lo opuesto de lo bello es lo feo. Sin embargo, quien nos proporciona la facultad para juzgar si una persona o una cosa es bella o fea, es el famoso gusto.

Revisar un exhaustivo libro con miles de imágenes de todo tipo de arte desde los inicios de la humanidad podría ser una opción inmediata para descubrir que el gusto estético cambia considerablemente de un siglo a otro, pero vayamos mejor a nuestra propia biografía y veamos a qué le decíamos bello cuando estábamos niños, después adolescentes y finalmente adultos. ¿Verdad que nos ha cambiado el gusto? ¿Cierto que nos hemos refinado un poquito?

Casi siempre que tengo la oportunidad de revisar álbumes fotográficos de vida de algunos amigos y familiares, los protagonistas se comienzan a sonrojar mientras contemplamos la ropa y los peinados que usaban en el pasado, tachándolos de pasados de moda y feos. Ha pasado una sola década y ya nos emigró el gusto. Entonces cierro el libro de fotografías, reímos y cambiamos de tema.

Los diseñadores, compositores y demás editores de los artistas, querámoslo o no, van marcando las tendencias de los gustos estéticos, es decir, de la belleza. Por lo tanto, según las redes sociales que sigamos, la música que escuchemos, los libros que leamos y las tiendas que visitemos, así será lo que aprendamos a gustar.

La expulsión de la historia del arte de las universidades y de las aulas de la formación básica, nos ha arrojado al monopolio de los artistas del momento, pues no tenemos la oportunidad de afinar el gusto viendo a Da Vinci o a Buonarroti, ni leyendo a Sófocles, a Shakespeare o a Sor Juana Inés de la Cruz. Quizá algo conocemos de nuestros artistas locales, sobre todo a Frida Kahlo. Creo que la historia del arte debería ser una lección obligatoria en un tiempo de la formación de todo ciudadano del mundo.

La diferencia entre lo terrible y lo hermoso depende del gusto del sujeto. Porque ese gusto equivale a la educación en la belleza que tenga el individuo. Entre nosotros no existe lo totalmente bello y lo absolutamente feo. Por eso todo puede enamorar y todo puede provocar repulsión. Solo así comprendemos por qué la bonita se enamora del no tan agraciado, y que el guapo caiga rendido ante la “curiosita”. Los destellos de la belleza tienen tantas y tan altas y bajas gamas, que nadie ni nada es rotundamente horrible, ni nadie ni nada posee la plenitud de la belleza. Cierto, un día la Belleza nos encontrará.

El gusto,entonces, es lo que nos permite ubicar los accesos de la belleza, los pórticos. El gusto es el esfuerzo por educarnos en la armonía, la claridad, la luz. Nuestro mundo reclama belleza y buenos espectadores de ella. Tengamos el valor de dar los medios para que las nuevas generaciones posean un gusto exquisito, que es siempre amplio e incluyente. Cuando pase este mundo, necesitaremos haber aprendido a reconocer la Belleza.

P. Francisco Armando Gómez Ruiz








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