La crisis de la chingada que viene

Código Alpha/Santiago Núñez

Cuando Octavio Paz reflexionaba en torno al concepto de la chingada, se refería a él como una madre que ha sufrido metafórica y literalmente, como un estado, un adjetivo o una condición muy cercana culturalmente a los mexicanos.

A partir de la pluma de Octavio Paz, podemos llevar a la conclusión de que ser mexicano implica una diaria y frecuente convivencia con la chingada; desde hace décadas que nuestro país vive una crisis generalizada, catalizada por la violencia, la corrupción, la pobreza, la falta de oportunidades y en general por muchos factores que afectan la vida diaria de los mexicanos.

Sin embargo un ámbito en el que nos habíamos mantenido estable, era en el manejo del medio ambiente y en nuestros recursos naturales, los cuales representaban una de las mayores reservas o atractivos de nuestro país. Desgraciadamente este discurso y esta realidad que reconocía el potencial medioambiental de México, fue quedando en un segundo plano histórico de las prioridades de los distintos niveles de gobierno a lo largo de las últimas décadas.

El aumento exponencial de la población, el crecimiento de las grandes ciudades mexicanas, el abandono e interés gubernamental para generar políticas públicas y normas que tengan como fin un verdadero cuidado del medio ambiente, derivaron en que el otrora rico y desarrollado medio ambiente mexicano, hoy se encuentre en la lona debido a la depredación que hemos ejercido sobre él, a la falta de una cultura de preservación y en gran medida al desinterés del Estado mexicano en protegerlo.

Lo escribía en esta misma columna la semana pasada: el ejemplo de los plantíos de aguacate en el estado de Michoacán que han traído riqueza, desarrollo y oportunidades laborales. Pero que esconden detrás de si una realidad marcada por la violencia, la depredación medioambiental, la corrupción y una deforestación que se ha llevado casi la mitad de los bosques michoacanos en los últimos 10 años. Esta lamentable situación se repite a lo largo y ancho del territorio nacional con diferentes caras; como los desarrollos hoteleros en el sureste mexicano, el uso de suelo forestal para fraccionar vivienda en el centro del país, la absurda contaminación de los litorales y ríos de México, que literalmente están llenos de mierda a falta de una infraestructura y política hidráulica adecuadas y mil ejemplos más de la catástrofe ambiental que vivimos.

La crisis de distribución de gasolina en enero del presente año puso al descubierto muchas debilidades en materia de gobernabilidad y de civismo a nivel de la sociedad mexicana; tan sólo imaginemos lo catastrófico que sería que en alguna de las grandes áreas metropolitanas de nuestro país se cortara el suministro de agua debido a la sobre explotación de los mantos acuíferos. Estaríamos viviendo un escenario cuasi apocalíptico que pondría en riesgo la seguridad Y la propia viabilidad de nuestras sociedades.

Lo que durante muchos años fue el principal orgullo e incluso atractivo turístico en nuestro país, hoy vive momentos complicados y se debate entre una absurda discusión financiera y presupuestaria orquestada por un desinterés total de parte del gobierno federal. Antes de que vivamos un escenario como ya se desarrolla en países altamente contaminados como China, es momento de enarbolar una gran cruzada nacional que no tenga colores partidistas, intereses ocultos, ni diferencias mezquinas.

Somos la última generación que tiene la enorme responsabilidad de salvar lo que nos queda de medio ambiente y al mismo tiempo, de reconstruir los bosques, selvas y mantos acuíferos del país, mediante un esquema integral que requiere dinero público, acuerdos entre los distintos niveles de gobierno, pero sobre todo una participación activa por parte de la sociedad civil que debe empezar a desarrollar un nuevo modelo cultural para proteger el medio ambiente.

Del gobierno requerimos un proceso de planeación a largo plazo: cambios en la política de manejo del agua, transportes públicos mucho más eficientes, desarrollo de ciudades pensadas ya no en el automóvil si no en nuevos medios de transporte, de parte de la sociedad es necesario comenzar a cambiar hábitos que en el día día solamente contribuyen a acelerar el deterioro de la naturaleza.

De no hacerlo, los costos a nivel financiero, económicos, de salud pública y de estancamiento para nuestro país serían catastróficos. Claro que hay otros temas importantes como la pobreza, la educación, la violencia y la falta de oportunidades, pero si no atendemos decididamente el día de hoy el problema del medio ambiente, únicamente estaremos acelerando más la caída de la guillotina sobre el futuro de nuestra nación.

Sergio Santiago Núñez Galindo
Abogado y consultor.
Candidato a especialista en seguridad nacional.
santiagonunez@alphaconsultores.com.mx

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