Continente Americano: tierra de contrastes culturales y económicos

FRONTERAS DE CRISTAL / JONATHAN VALPUESTA QUESADA

Evidentemente existen muchos factores que hacen que un país sea rico o pobre y en esta columna nos vamos a centrar en uno de los factores más determinantes que explican el por qué existe tanta pobreza en países donde tienen exageradamente reservas naturales y por qué los que carecen de estas viven muy bien.

América es un continente con dos realidades muy diferentes ya que unos países son muy ricos y otros son muy pobres, por ejemplo, la renta per cápital de Canadá es cuatro veces mayor a la de Ecuador, por otra parte, la renta per cápita de EE. UU. es cinco veces más grande que la de Colombia, sin embargo, también existen países que podríamos calificar como de clase media por su renta per cápita cómo lo sería Chile y Panamá ya que estos son tres veces más grandes que la de Bolivia y casi dos veces que la de Perú. Sin embargo, de los casi mil millones de personas que viven en el continente, el 40% de la población vive en algunos de los países más ricos del mundo como lo es Estados Unidos de Norte América y Canadá, mientras que el otro 60% restante viven en países que son muy pobres o que aún se encuentran en vías de desarrollo.

Una zona geográfica que muestra dos realidades totalmente diferentes es la frontera que divide a EE. UU. de México, ya que en el lado norte de la frontera se encuentra uno de los países más ricos del mundo, un país donde sus habitantes son bastantes más ricos y se les garantizan servicios públicos de primera calidad como lo es el agua potable, la accesibilidad de calidad mundial con vías de primer nivel y una de las más importantes, la seguridad, servicios qué a sus vecinos, o sea, nosotros, no tenemos garantía de disfrutarlos.

A inicios del año 1600 cuando se descubrió el continente americano, hubo dos tipos de colonizadores, el primero fue aquel que partió a la nueva tierra en busca de riquezas para saquear todo lo que pudiera de las tierras, mientras que el otro fue en busca de oportunidades. En ese entonces México era una ciudad llena de monumentos y de mucha prosperidad, en pocas palabras, era una ciudad que no tenía nada que envidiarles a ciudades europeas, recordemos que en aquel momento México formaba parte del Virreinato de la Nueva España, un área de gobernación enorme que estaba repleta de maravillas, campos cultivados, ruinas de antiguas civilizaciones, grandes ciudades y recursos naturales envidiables.

Por su parte, EE. UU. en ese entonces era un territorio totalmente diferente, era una tierra fría, desolada y despoblada, prácticamente un lugar sin infraestructura y donde la supervivencia era un reto sumamente difícil, en pocas palabras, un lugar donde el hambre y el frío estaban a la orden del día. Precisamente los conquistadores españoles no avanzaron más porque se dieron cuenta que en el norte no había ninguna riqueza que extraer.

Hace algunos años leí el libro titulado “¿Por qué fracasan los países?” de los autores Daron Acemoglu y James Robinson; en ese libro, literalmente describen toda la realidad de Latinoamérica, sus contextos sociales y hasta culturales como un problema en el ADN de la población hispanoparlante, decían claramente lo que a continuación cito: “Los ingleses no eligieron Norteamérica porque fuera una zona atractiva, sino porque era lo único que estaba disponible. Los territorios “deseables” de América, con abundancia de población indígena y minas de oro y plata que explotar, ya habían sido ocupados.”

En Nueva Inglaterra para siquiera sobrevivir era jugársela en el nivel más difícil del videojuego, sin embargo, en el sur las cosas eran totalmente diferentes ya que había muchísima riqueza natural, el clima era mucho más bondadoso para la agricultura y había muchísima población local que fue utilizada por los conquistadores españoles para que realizaran interminables horas de trabajo duro a cambio de prácticamente nada.

El caso es que todos estos recursos permitieron que muchos de los que llegaron no tuvieran que trabajar para sobrevivir, y no solo eso, además se replicó el modus vivendi que había en la vieja Europa que era la aristocracia, la burocracia y las Gracias Reales las cuales eran privilegios otorgados a unos pocos por las coronas colonizadoras que les entregaban los monopolios comerciales, repartos de tierras, explotaciones mineras, etc.

De esta forma se fue forjando una cultura y una ideología que percibía que el trabajo y el emprendimiento no era la mejor forma de prosperar sino el saber relacionarse bien con quienes tenían el poder, o sea, prácticamente como hoy en día lo vivimos. Y fue así que en México se consolidó una elite formada por personas que vivían gracias a los recursos que extraían de todos los demás mediante privilegios, explotación a los nativos, entrega de tierras, concesiones, rentas públicas, impuestos, etc.

Este tipo de pensamientos y modus vivendi cimentó a prácticamente toda Latinoamérica con las características más notables de una sociedad partida, por ejemplo; una elite con mucha riqueza basada en la obtención de rentas, caciques, mucha burocracia y un ascenso social destrozado.

Por otro lado, en el norte, las cosas eran diferentes. A diferencia de lo que ocurría en el sur, los norteños no tenían recursos ni población indígena que explotar, así que no quedaba otra más que trabajar duro, emprender e innovar para mejorar el nivel de la calidad de vida. Así fue que la cultura social que se fue creando como las instituciones que se desarrollaron eran muy diferentes, el trabajo físico estaba bien visto, y no sólo eso, cómo además estos territorios eran muy pobres y estaban prácticamente despoblados gozaron de muchísima autonomía política y económica en sus inicios.

Digamos que al principio la Corona Británica no le importaba mucho esas colonias ya que estaba más preocupada por lo que ocurría en otros lugares de su imperio que eran mucho más lucrativos. De hecho, cuando estas colonias empezaron a prosperar fue cuando la Corona puso su atención sobre ellas, lo que significó que la Corona comenzó a establecer controles políticos y económicos sobre ellos.

Se suele decir que la guerra de independencia de los Estados Unidos fue una lucha por obtener la libertad, sin embargo, mucho de los incentivos que los llevaron a luchar tenían que ver precisamente con mantener una libertad que ya tenían, y a la que ya no estaban dispuestos a perderla.

Como conclusión de esta columna, damos por enterado que las claves de desarrollo de un país no están en los recursos naturales ni en la explotación de su gente, sino en el ingenio, en el espíritu emprendedor y en el trabajo en equipo. Por eso cuando los políticos dificultan este proceso, por ejemplo, con muchos impuestos, con mucha burocracia o privilegios a los amigos, los resultados siempre son muy malos y en cierto modo es algo similar a lo que pasa con los recursos naturales, ya que pueden ayudar, pero no bastan para generar riqueza ya que tenemos ejemplos de países muy ricos que no tienen recursos naturales como lo es Japón o Singapur y otros con muchos recursos, pero muy pobres como Venezuela. El ingenio, el trabajo y el capital son más importantes que cualquier recurso natural.

La buena noticia de todo esto es que la pobreza no es algo que no se pueda combatir ya que se puede escapar de ella, desde luego tenemos países modelos como Chile o Panamá que en las últimas décadas han demostrado que las realidades pueden cambiar si se implementan políticas públicas de gran calidad y atacan de fondo las ideologías culturales que tanto nos han afectado.

Jonathan Valpuesta Quesada

Premio Estatal de la Juventud

Twitter: @Johnvalpuesta

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