Código Alpha/Santiago Núñez
Uno de los principios básicos de la división de poderes, es el orden en la toma de decisiones, la estructuración de un sistema de contrapesos que coadyuve para la correcta gobernabilidad y gobernanza de un Estado, pero sobretodo una especialización en las funciones del poder público
Es precisamente el poder legislativo, que mediante las especificidades propias del sistema de gobierno y de la estructura institucional de cada país, el que representa a los distintos sectores y miembros de la sociedad, son muchos los teóricos que señalan a los parlamentos como el núcleo central y medular de la toma de decisiones soberanas y el epicentro de las grandes discusiones públicas. Así pues pudiéramos afirmar que el legislador viene a representar la esencia de los sistemas democráticos modernos, ejerciendo funciones intrínsecamente democráticas y convirtiéndose en el portavoz de un determinado sector de la población.
Tampoco es ninguna novedad que en países latinoamericanos como el caso de México, podemos observar un control preponderante ejercido por la figura del Presidente de la República, con distintos grados de atenuantes que son ejercidas por los restantes dos poderes de la unión: Jorge Carpizo retrata de forma magistral el sistema jurídico y político mediante el cual opera el titular del ejecutivo federal, en su libro el presidencialismo mexicano. Es precisamente en dicha obra donde podemos encontrar que además de los medios de control constitucional que frenan el ejercicio del poder presidencial, también el legislativo tiene un papel fundamental para erigirse como un freno a las decisiones que emanen desde la cúpula presidencial.
Sin embargo al día de hoy, resulta preocupante ver que a nivel del Congreso de la Unión, tanto en la Cámara Baja como en la Cámara Alta existe una total displicencia por parte de los legisladores pertenecientes al partido gobernante, para aprobar prácticamente a ciegas cualquier iniciativa que surja del titular del poder ejecutivo.
Una muestra clara de ello fue el penoso ejercicio que se realizó en el Senado de la República, para maquillar un dictamen de reforma constitucional que autorizaba la creación de esa nefasta super policía militar llamada Guardia Nacional; en la práctica fuimos testigos de una burda maniobra donde se matizaron de manera somera, algunas de las partes que mediáticamente resultaban más polémicas, pero prácticamente el dictamen quedó exactamente igual en lo que respecta a las detenciones, investigaciones y uso de la fuerza por parte de los marinos y los militares.
Cómo si lo anterior no fuera preocupante y además en una muestra clara de un congreso que no solamente no ejerce su función a manera de contrapeso, sino que además se está erigiendo como una vía express para darle salida a todos los caprichos de un presidente que por la coyuntura electoral y configuración normativa, tiene a su merced el andamiaje institucional del Estado mexicano. Mención aparte merecen también una serie de iniciativas que el grupo parlamentario del partido en el poder están impulsando amén de su abrumadora mayoría y de lo fácil que resulta el tránsito de sus acuerdos a nivel parlamentario.
Solamente por citar un ejemplo, debo referirme a la locura legislativa que en los últimos días resuena en el Senado de la República y qué tiene que ver con una salvaje, irresponsable y peligrosa reforma al sistema financiero mexicano, que incluye dentro de sus disparates un anárquico sistema de regulación para las calificadoras de riesgo que califiquen negativamente al gobierno, ente algunas otras joyas del sinsentido jurídico.
Por último y a manera de una perversa cereza en el pastel, tendríamos que mencionar aquellos casos individuales de legisladores federales del partido mayoritario, que a título personal han utilizado su representación en el congreso de la unión, para hacer declaraciones que resultan escalofriante como lo fue una desafortunada y terrible intervención por parte de Félix Salgado Macedonio, donde amenaza con desaparecer a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Así puedes hoy somos testigos de cómo el alto parlamento mexicano, se ha convertido en una caja de arena donde los disparates, la ignorancia y en general un tufo que huele a desprecio por el Estado de Derecho, se da vuelo alegremente en medio de una coyuntura política y electoral que le ha dado a un partido, el control casi absoluto sobre estos pilares fundamentales del Estado mexicano.
Por ende el camino para rectificar esta terrible situación, pasa por tener a la sociedad civil ejerciendo un control y seguimiento dentro de las medidas de sus posibilidades y adicionalmente esperar que el poder judicial como último resquicio de la democracia mexicana, pueda mantenerse fuerte ante la ola de caprichos políticos e improvisaciones legislativas que estamos viviendo desde diciembre del año pasado.

Sergio Santiago Núñez Galindo
Abogado y consultor.
Candidato a especialista en seguridad nacional.
santiagonunez@alphaconsultores.com.mx




