Código Alpha/Santiago Núñez
No lo podemos negar, la política es una actividad intrínsecamente vinculada al propio origen de las sociedades humanas, incluso aquellas personas que dicen no gustar de la política, en el fondo terminan siendo partícipes indirectos de un complejo y en ocasiones perverso juego de intereses que se tejen en torno a la vida pública del país.
En una sociedad y un mundo hiperconectados, podemos afirmar que hoy más que nunca las decisiones que se toman en los órganos colegiados de gobierno, impactan directa o indirectamente la vida de millones de ciudadanos, una buena o mala decisión tomada por un representante popular, una buena o mala política pública, puede ser la diferencia entre el acceso de un ciudadano a una calidad de vida adecuada o bien el destinarlo a un escenario de precariedad, de pobreza y de falta de oportunidades.
Es cierto que existe un desencanto generalizado de parte de una abrumadora mayoría de los mexicanos hacia la clase política en general, los lugares comunes, los prejuicios, pero sobretodo décadas y décadas de formas nocivas de hacer política han derivado en un repudio cuasi sistemático de parte de la ciudadanía hacia el sistema de partidos y a la mayoría de los actores políticos.
Sin embargo hoy más que nunca resulta fundamental que desde la academia, que desde la sociedad civil y desde el propio sistema político y de partidos mexicanos, seamos capaces de desarrollar un nuevo modelo de participación ciudadana, que incentive el pensamiento crítico, el seguimiento, la evaluación y el análisis profundo en torno a los grandes temas de agenda pública y a los perfiles políticos que esta nación necesita.
Es momento de incentivar a los jóvenes, a la clase media desencantada, a los estudiantes universitarios, para que sean partícipes, críticos y propositivos dentro del complicado concierto de intereses que representan las candidaturas y las decisiones de gobierno en México: para nadie es una sorpresa que a lo largo de la historia de nuestro país hemos podido ver representantes populares emanados de todo el espectro partidista que desgraciadamente destacan en muchas ocasiones por su ignorancia, falta de preparación, desconocimiento absoluto de la ley e incluso por manejar líneas discursivas que rayan en lo absurdo y que atentan contra los principios elementales del Estado Constitucional y Democrático de Derecho.
Sería interminable elaborar una lista de perfiles impresentables que han ocupado cargos y puestos de representación popular en nuestro país, personajes siniestros que han llegado a las boletas por intereses de partidos, por coyunturas electorales o bien por haber inyectado importantes cantidades de dinero dentro de los respectivos procesos electorales; así pues la historia mexicana está repleta de muchos casos de malogrados actores y actrices, deportistas de medio pelo, pseudo líderes sociales y perversos miembros del charrismo sindical que de la noche a la mañana se han encontrado sentados en una curúl y tomando decisiones.
El principio de representación democrática debe abrirle las puertas a cualquier mexicano que cumpla los requisitos constitucionales para aspirar a un cargo de representación popular, sería irresponsable e incluso un acto de discriminación de mi parte, el sugerir un estándar mínimo en materia de preparación académica o de conocimientos técnicos jurídicos aplicables a los distintos puestos de representación popular como principio mínimo para entrar en el supuesto de selección; sin embargo en medio de la terrible crisis económica, social, de seguridad y a nivel general que estamos atravesando como nación, ha llegado el momento de una vez por todas para que la sociedad civil propugne por la profesionalización de los perfiles que habrán de gobernar a esta nación.
John Stuart Mill en su libro “sobre la libertad” habla de la responsabilidad soberana que radica en el proceso de toma de decisiones, asimismo Jesús Silva Hersog en “la idiotez de lo perfecto” nos brinda diferentes aproximaciones al complejo y bizarro mundo político, de ambas obras podemos deducir que la política es un producto imperfecto derivado de la propia naturaleza humana, sin embargo también podemos rescatar en ambos libros, la idea de que el servicio público requiere de mínimas bases intelectuales y de pericia técnica para entregarle resultados eficientes a los representados.
Desgraciadamente como ciudadanos no podemos exigirle al estándar de representantes populares que actualmente se mueven dentro de la escena política en México, un pensamiento filosófico avanzado, un conocimiento profundo e integral del mundo global o una destreza y pericia técnica envidiable en materia constitucional o jurídica; pero si podemos empezar por exigirle a todos aquellos representantes que no han dado el ancho, a todos aquellos bufones que irresponsablemente hacen uso de la facultad de representación popular para realizar una oda a la idiotez, a que respeten los lineamientos fundamentales del andamiaje constitucional y los principios medulares de la democracia moderna.
Si como sociedad no somos capaces de hacerle ver a todos esos perfiles lamentables, la importancia de aplicar el mínimo sentido común antes de levantar la mano y tomar decisiones, desgraciadamente haremos de cómplices y partícipes de los vicios y males ya bien conocidos a lo largo de la historia política en México. Los tiempos apremian y si no hacemos algo pronto por cambiar el rumbo del país y de su agenda pública sólo quedarán las moscas sobrevolando las ruinas de nuestras instituciones como felices testigos del cementerio de improperios, salvajadas, ignorancia y fétida razón que conforman la tónica discursiva de esa base impresentable de perfiles sin preparación.

Sergio Santiago Núñez Galindo
Abogado y consultor.
Candidato a especialista en seguridad nacional.
santiagonunez@alphaconsultores.com.mx




