¡El mexicano no lee porque no quiere!

Fronteras de Cristal por Jonathan Valpuesta Quesada.

En días pasados en Mocorito Sinaloa, el Presidente de la República Andrés Manuel Lopez Obrador, presentó la “novedosa” Estrategia Nacional de Lectura, la cual se enfocará principalmente en bajar el costo de los libros y fomentar el hábito de la lectura desde las escuelas.

Una de las cosas que me llamó la atención de esta estrategia anunciada por el Director del Fondo de Cultura Económica, el escritor Paco Ignacio Taibo II, es que este programa de lectura se enfocará en tres vertientes siendo la primera el regalar libros, la segunda en crear 137 nuevas librerías, y la tercera en abaratar los costos de los libros con las editoriales privadas.

Esta última estrategia es sumamente arriesgada porqué parte de un diagnóstico que no es el correcto, es decir, según explican que “en México se lee poco porque los libros son caros” siendo esta una rotunda mentira. Según datos recabados por el NOP World Culture Score, países como India y China encabezan el ranking alcanzando las 9 – 11 horas a la semana de lectura por persona. Cabe destacar que dos economías emergentes como lo son la de China y la de India, acompañan su crecimiento en la industria y el mercado con una mejor educación. México se encuentra evaluado el lugar 102 de este ranking, y no ocupa ese lugar porqué los libros estén caros, sino porque la educación de entrada es de muy mala calidad en nuestro país.

Otro problema que tenemos en México es que existe una empresa pública que se dedica a imprimir los libros de texto de primaria, siendo entonces el mismo estado (aunque suene burdo) su proveedor y su cliente, lo cual se presta a que se perciban muchas irregularidades en la producción de estos.

El segundo problema que marca totalmente el desconocimiento y el análisis de esta “Estrategia Nacional” fue lo que comentó en días pasados el Director del Fondo de Cultura Económica, ya que mencionaba que se fabricarán libros muchos más baratos y que ‘van a forzar’ para que los editores privados vendan sus libros a costos mucho más accesibles. Ahí es donde nos percatamos de que no se conoce la problemática de fondo que sufre diariamente la industria editorial.

Analizando esto, nos encontramos que las editoriales privadas al hacer un libro tienen un margen de ganancia muy pequeño, ya que el 35% del costo de este se lo queda el librero, a esto sumémosle el 10% que se le da al autor por las regalías, más el 25% que se gasta en la producción de ese libro, entonces, haciendo cuentas, prácticamente el nivel de utilidad de estas editoriales está rondando el 30% en una primera edición. Entonces la pregunta es ¿cómo quieren hacer libros más baratos sí apenas estas salen con los costos de la industria editorial?

El Fondo de Cultura Económica tiene un presupuesto de 378 millones de pesos, las librerías Educal tienen un presupuesto de 32 millones de pesos, y la Dirección General de Publicaciones tiene 82 millones de pesos, estos tres siendo su presupuesto anual, entonces suponiendo que sumamos estos presupuestos nos da por entendido qué hay un aproximado de 492 millones de pesos para operar la Estrategia Nacional de Lectura. Sin embargo, el problema no radica ahí, el problema radica en quitarle a las editoriales privadas la posibilidad de salir al mercado, siendo este no solo un problema de cultura, sino de mercado también.

Entonces, resumiendo esto, como primer punto nos percatamos qué hay una centralización excesiva de los libros por parte del estado, como segundo punto nos encontramos con qué hay un total desconocimiento con la producción editorial, y como tercer punto el tema de contenidos.

Como conclusión de este redactor, dentro de este pequeño análisis vemos que esta “Estrategia” no ayudará a que se fomente la lectura porque simplemente el problema no se está atacando desde raíz que es el mejorar la educación en todos los niveles, y como segundo término que prácticamente colapsa la fallida estrategia, vemos que pone en riesgo de desaparecer a todas las pequeñas editoriales privadas y que las grandes editoriales en nuestro país huyan y no inviertan más en nuestro territorio.

Sin duda un tema delicado para analizar, debatir y construir entre nuestros gobernantes y los ciudadanos.

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